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jueves, 14 de enero de 2010

Reflexiones Sobre Despejar un Espacio.


Reflexiones Sobre el Proceso de Despejar Un Espacio.

Luis Robles Campos.

REFLEXIONES SOBRE EL PROCESO DE DESPEJAR UN ESPACIO


Por Luis Robles Campos (*)

Abril, 2007.



INTRODUCCIÓN.

En la actualidad, Despejar un Espacio es una de las herramientas más utilizadas, comentadas y valoradas del enfoque experiencial de Gendlin. Desde su aparición a mediados de los setentas como preámbulo del proceso de Focusing, Despejar un Espacio ha sido foco de interés desde diversos puntos de vista. Se le ha señalado como una herramienta efectiva en la psicoterapia (Gendlin, 1981, 1982, 1996; Alemany, 1988, Leijssen, 1998a, 1998b, 2004; Hinterkopf, 1998); en la facilitación de tareas mentales complejas (Zimring 1983, 1985, 1988, 1990; citado en Hendricks, 2001); en el trabajo con niños tanto en contextos terapéuticos como escolares (Yuba & Murayama, 1988; McGuire, 1986; Stapert, 1997; Gendlin, Stapert & Boukydis, 1997); en el área médica como tratamiento complementario para individuos con cáncer (Grindler, 1985, 1999; Kanter, 1999) y para la reducción del estrés (Klagsbrun, 2001); entre otras aplicaciones. Más recientemente, Despejar un Espacio también ha sido foco de nuevos análisis al reexaminarse el efecto subjetivo que produce (Purton, 2002), y al cuestionarse su relevancia y utilidad como técnica de psicoterapia (Weiser Cornell, 1991, 1995, 1996, 2001).

Siguiendo los pasos de este notable interés en Despejar un Espacio, intentaré, en el presente artículo, reflexionar en profundidad sobre diversos aspectos relacionados con sus pasos y su proceso. Las reflexiones tendrán el objetivo de contribuir a un mayor entendimiento sobre el proceso de Despejar un Espacio para potenciar su aplicación.


HISTORIA.

Según algunos antecedentes (Cornell, 1991; Kirschner, 2003; Lee, 2003), la historia de Despejar un Espacio se remonta a mediados de los años setenta, cuando Eugene Gendlin dictaba una clase llamada “Psicología Filosófica” en la Universidad de Chicago. Durante esta clase, en cierta ocasión, una estudiante describía su experiencia con el primer movimiento del Focusing, que en ese tiempo apenas se estaba formulando:

“Ya que yo era bailarina y mi ‘temática’ era ‘la gente moviéndose en el espacio y el espacio en que se mueve la gente’, yo siempre estaba hablando con Gene desde una perspectiva espacial. Un día yo estaba diciendo algo acerca de “hacer espacio adentro” y él saltó. Dijo: ‘Eso es, eso es lo que estaba buscando para este paso de focusing que estoy tratando de formular. ¿Puedo usarlo?’ Yo le dije: ‘Por supuesto, me sentiría honrada’”. (Ellen Kirschner, mensaje en Focusing - Discusión List, 9 de diciembre de 2003).


Por lo menos hasta 1979, Gendlin denominó a este movimiento de entrada al Focusing como “Hacer un Espacio” (Making a Space):

“…Permítanme hablar acerca del primer movimiento (preparatorio) del Focusing, algo que a menudo pero no siempre es hecho antes que uno se focalice en un asunto específico… El primer movimiento del Focusing se llama ‘Hacer un Espacio’. En lugar de trabajar sobre el problema que molesta más, y en lugar de trabajar con todo a la vez… se nota en el cuerpo si uno se siente completamente bien acerca de su vida o no… Siempre hay unas cuantas cosas que el cuerpo está llevando…’Hacer un Espacio’ consiste en poner abajo lo que surge, de una manera amigable.” (Gendlin, 1979).


Posteriormente, Gendlin (1981) sustituiría la expresión Making a Space (Hacer un Espacio) por Clearing a Space (Despejar un Espacio), desarrollando una técnica que reunía la presencia contenedora y empática del terapeuta, la identificación de estresores por parte del cliente, y el uso de imaginería guiada para conseguir un estado de relajo corporal y de atención interna para que la persona llevara adelante el proceso de Focusing de un modo efectivo. Despejar un Espacio permitía al focalizador sintonizarse con su experiencia corporalmente sentida y vivirla como una referencia confiable para luego explorar y descubrir significado.


REFLEXIONES SOBRE EL PROCESO DE DESPEJAR UN ESPACIO.

Descripción y Procedimiento.

En general, se considera que Despejar un Espacio es de gran importancia para el desarrollo del proceso de Focusing, pero en particular ¿en qué consiste este procedimiento terapéutico?

Gendlin (1981) lo consigna como una forma de conseguir estar más cómodo con los problemas o preocupaciones que “llevamos” en el cuerpo en determinado momento sin sucumbir o hundirse en ellos, ni tampoco evitándolos, reprimiéndoles o escapándose de ellos; sino que contactándolos a través de “un tercer modo…mucho más útil, (realizando) un acto interno de distanciarte a ti mismo de lo que te está molestando pero, con todo, manteniéndolo delante de ti”.

Por su parte, Alemany (1988) lo define de un modo mucho más preciso al señalar que: “Despejar un Espacio consiste en dedicar unos pocos momentos a que la persona concentre su atención en darse cuenta de qué es lo que lleva en su cuerpo en esos momentos; en que saque las preocupaciones afuera o las ponga abajo; y en que pueda experimentar el alivio de la distinción entre el ‘sí mismo’ y las circunstancias o situaciones de la vida que actualmente vive”.

En la descripción de ambos autores se aprecia que Despejar un Espacio implica la realización de un “acto interno” con el cual logramos relacionamos de una manera especial con los sentimientos que tenemos acerca de nuestros problemas o preocupaciones de tal modo que conseguimos “distanciarnos de ellos” o “ponerlos afuera”. En la mayoría de los casos ese “acto interno” consiste, por una parte, en el reconocimiento amistoso y aceptante de los asuntos que se van identificando, y por otra parte, y más particularmente, en la realización de una imaginería guiada por el terapeuta, en la que se sugiere al cliente figurarse una imagen de cada problema, o de la sensación sentida que surge tras identificar cada problema, para luego visualizarla poniéndola a cierta distancia de si mismo; o a la inversa, visualizar los problemas e imaginarse que es él quien se aparta de ellos (Gendlin, 1981, 1982; Alemany, 1988; Leijssen 1998a, 1998b; Hinterkopf, 1998; Rapapport, 1988, 2006, etc.).

De los dos “actos internos” antes citados, la imaginería guiada del “poner a distancia” constituye uno de los pasos más importantes, puesto que se ha descrito como un elemento clave para lograr el efecto deseado al implementar la técnica. ¿Cuál es exactamente ese efecto deseado? La mayoría de las veces se lo describe como “despejar un espacio interno”, “poner los problemas a distancia”, “poner abajo la carga de las preocupaciones”, “desidentificarse de las emociones abrumadoras”, o con otras metáforas que no necesariamente explican de forma adecuada qué es lo que concretamente ocurre con Despejar un Espacio (Purton, 2002).

Ya que las metáforas que usualmente se usan para intentar describir el proceso experiencial subyacente en la aplicación exitosa de la técnica no resultan del todo aclaradoras, más abajo se reflexiona en detalle cuál sería el fenómeno que efectivamente se produce, no sin antes examinar cual es la experiencia que la técnica produce en el cliente o focalizador.


¿Qué tipo de experiencia facilita Despejar un Espacio en el focalizador?

La práctica de Despejar un Espacio puede conllevar a una serie de positivas experiencias “cuerpo-mente-situación”, ya que no sólo produce efectos en la vivencia de la corporalidad, ni exclusivamente favorece ciertos estados cognitivos, sino que permite también reposicionarse de un modo más fluido en el contacto interpersonal o en la realización de tareas diversas, como las que implican el uso de la creatividad, por ejemplo.

Primero, quiero enfatizar que en Despejar un Espacio ningún problema, emoción o situación es colocado “aparte” o “abajo” o “a cierta distancia”, ya que estas expresiones sólo son metáforas que pretenden referirse a complejos procesos que ocurren en la experiencia del cliente (Leijssen, 1998b; Purton, 2002) y en ningún caso pretenden señalar que en ella ocurra de manera factual o concreta algo igual o parecido a todas estas descripciones, aún cuando un fructífero uso de la imaginación pudiera hacerlo parecer así.

De hecho, lo que sucede no es que la emoción corporalmente sentida sea alejada, sino que ella cambia, se siente de otra manera, se torna más fácilmente atendible, se hace menos incómoda, o bien, pasa de vaga y difusa a sentirse con más claridad; debido a que el proceso que facilita la técnica ayuda a que la persona se relacione de un modo más aceptante con ella misma, sin los condicionamientos que detienen o despotencian el proceso corporal de experienciación. Esto a su vez genera cambios a nivel corporal, cognitivo y subjetivo-situacional.


Nivel corporal.

A nivel corporal el efecto más conocido de Despejar un Espacio es una notoria disminución de la tensión corporal, tanto a nivel propioceptivo como a nivel interno. Es posible constatar una disminución en las zonas del cuerpo que se caracterizan por acumular estrés, los hombros, el cuello, la espalda. Respecto de la sensación corporal interior, Despejar un Espacio consigue que ésta se haga más liviana, suave o apaciguada. También tiene un efecto positivo apaciguador en los casos de dolor físico debido a enfermedades, por ejemplo, en enfermos de cáncer (Grindler, 1985, 1999; Kanter, 1999).


Nivel cognitivo.

Desde un punto de vista cognitivo, Despejar un Espacio facilita el desempeño en tareas mentales complejas que requieren atención a estímulos internamente generados, ya que contribuye a desplegar una atención prolongada o ininterrumpida sobre la experiencia corporalmente sentida, o sobre la realización de tareas externas que requieren el despliegue de la creatividad, el uso flexible de la atención o un manejo conceptual complejo (referencia a varios estudios citados en Hendricks, 2001).


Nivel subjetivo-situacional.

Desde el punto de vista subjetivo, Despejar un Espacio, contribuye a crear una relación entre el Yo que atiende y el aspecto específico de la experiencia que es atendido. Para que esto suceda es necesaria establecer una diferenciación de “yo estoy aquí y acá en mi interior está eso”, Ann Weiser Cornell (1995) le llama a esto “Distancia + Conexión”, lo cual implica identificar y reconocer un aspecto de la experiencia que hasta ese momento resultaba ajeno o incómodo.

La técnica también ayuda a incrementar los niveles de aceptación hacia uno mismo, llevando a la persona a dar un paso más allá de la mera negación, rechazo o desconexión con su propia experiencia. Y por otra parte, favorece un mayor nivel de sumergimiento en la experiencia del aquí y el ahora, alejándonos de pensamientos racionalizados o análisis que nos apartan de nuestro sentir fenomenológico y ayudándonos a conectarnos con nosotros mismos y con los otros en la situación actual.


¿Cuál es el proceso experiencial subyacente en el efecto de Despejar un Espacio?

Es esencial tratar de responder esta pregunta para comprender el porqué de la estructura de pasos que comprenden Despejar un Espacio, para entender porqué funciona la técnica y por supuesto también para visualizar porqué a veces no lo hace.

Se define Despejar un Espacio como una herramienta que apunta a cambiar el modo en que estamos “llevando” corporalmente nuestros problemas o situaciones vitales, por lo tanto, se hace necesario reflexionar primero qué implica “llevar un problema”.

Cuando enfrentamos una situación o problema se ponen en juego una serie de aspectos que se enmarcan en la vivencia interpersonal (Gendlin, 1968). Por una parte, están nuestras reacciones primeras hacia ésta, quizás pena, alegría, rabia, etc.; lo que constituye nuestras emociones primarias o nuestros sentimientos auténticos de reacción (Greenberg & Bolger, 2001). Por otra parte, se encuentran nuestros modos de enfrentamiento desadaptativos que han sido socialmente aprendidos, los cuales se convierten en reguladores o condicionantes de nuestras reacciones primeras, por ejemplo: “Debo solucionar este asunto lo más pronto posible”, “Si sientes pena no debes mostrarlo”, “Enfréntalo con la madurez de un adulto, sin asustarte”, “Debo dar una buena impresión, debo mostrarme fuerte ante este asunto”, etc.

Entonces, lo que constituye una “situación-problema” no es sólo la situación en sí, ni tampoco nuestras reacciones primeras exclusivamente, sino que el entrecruzamiento de esto con los condicionamientos sociales y con las interpretaciones que surgen de la cruza de ambos (nuestras complejas concepciones acerca de nosotros mismos en relación a los otros, nuestras maneras de obtener aprobación, y mucho más); todo eso entrecruzado y sintiéndose holísticamente en una sola sensación de incomodidad o intranquilidad. Básicamente, son las fuerzas organísmico-adaptativas y los aprendizajes que funcionan como reguladores de las fuerzas organísmicas, que se contraponen mutuamente en la experiencia, lo que se llama “llevar un problema”.

El punto es que cuando estamos llevando un problema no estamos plenamente conscientes de estos condicionamientos que regulan o reprimen nuestra experiencia auténtica, y son justamente algunos pequeños pasos de Despejar un Espacio los que tendrían el objetivo de anular o desarticular tales condicionamientos.

Con Despejar un Espacio se pretende ir más allá de estos condicionamientos, para llegar a mayores niveles de auto-aceptación, o a la inversa, lograr mayores niveles de auto-aceptación para desactivar estos condicionamientos. Esto se logra a través de la actitud de reconocimiento que se da a cada problema estresor identificado y con la imaginería guiada donde se deja los problemas “ahí, como descansado delante de uno, al menos por un momento”. Podemos volver a Gendlin para visualizar mejor esto (se agregaron negrillas para destacar las ideas antes expuestas):

“Hay muchos modos de acceso al primer movimiento, muy diferentes actos internos que pueden producir el necesario medio positivo – de aceptación de la mente o cuerpo. Un medio de acceso que da buen resultado para una persona, puede no resultar para otra… Una vez que a tu cuerpo le permitas ser él, sin presiones, él tiene la sabiduría para tratar tus problemas.” (Gendlin, 1981).


Este análisis es esencial para entender porqué Despejar un Espacio no siempre funciona. Se entenderá que la técnica falla cuando la persona no logra identificar y/o desarticular los niveles de experiencia que funcionan como condicionantes de la experiencia auténtica, cuando no se logra la actitud de aceptación hacia él o los problemas identificados, o cuando no se logra a través de la imaginería guiada (que intenta dejar los problemas, por decirlo de alguna manera, en estado de “pausa”), permitir que el cuerpo sea él mismo, “sin presiones”.

Campbell Purton (2000) realiza una análisis similar cuando examina que implica estar “entrampado en un sentimiento”. Para Purton, estar “entrampado” implica tener “sentimientos acerca de otros sentimientos”. Por ejemplo, puedo podemos tener miedo a enfrentar un desafío, y a la vez sentir vergüenza de sentir miedo, e incluso estar aburrido de sentir miedo y rabia a la vez. En cualquier caso, este tipo de relación implica no tener una actitud de aceptación hacia uno o más sentimientos, ya que, según Purton, los nieveles superiores de sentimiento funcionan esencialmente como modificadores (o condicionadotes) de los niveles inferiores de sentimiento. Esto es en palabras de Gendlin “Llevar un problema”. Por lo tanto, la posibilidad de desentrañarse de un sentimiento, o de despejar un espacio interior, depende principalmente de la acción de identificar o desarticular la función modificadora o condicionadota de los niveles superiores de sentimiento hacia los niveles inferiores. Esto es, el acto o la actitud de aceptación que es esencial para despejar un espacio: “Sí, en realidad, tengo miedo, no es necesario que me avergüence de ello, en realidad tengo miedo”.


¿Cuáles son los elementos que componen y caracterizan la experiencia dual de Despejar un Espacio?

En la minuciosa reflexión que Alemany (1988) realiza sobre el proceso de Despejar un Espacio, menciona que existen cuatro aspectos esenciales para entenderlo: 1) Facilitar una atención corporal, 2) Hacer un inventario, 3) Lograr la distancia adecuada, y 4) Experimentar el sí mismo y el sentirse bien.

Sin embargo, yo creo que en tal análisis queda omitido un aspecto esencial del proceso, la interacción, ya que Despejar un Espacio no consiste sólo en la mera aplicación de una serie de pasos técnicos, sino que constituye una experiencia dual, que se produce o se concreta en la relación terapeuta-cliente. Por el motivo anterior, a continuación repasaré los elementos que cita Alemany para comprender Despejar un Espacio (tratando de profundizar aún más en su entendimiento), pero además añadiré una reflexión sobre la dimensión relacional de su proceso.

Entonces, los aspectos que examinaré serán cinco, los cuales identificaré con los siguientes nombres: 1) Dimensión relacional, 2) Proceso especial de atención, 3) Identificación de estresores, 4) Un acto interno, y 5) Experimentar el sí mismo y el sentirse bien.


Dimensión relacional.

Generalmente Despejar un Espacio es descrito casi exclusivamente apuntando a los pasos que lo constituyen como técnica; sin hacer referencia a la importancia de la interacción como un factor absolutamente constituyente de su proceso, implementación y resultados.

Básicamente, Despejar un Espacio es una experiencia que ocurre en el encuentro entre dos personas, por lo tanto es una experiencia interaccional. En este encuentro, una persona intentará atender y describir su experiencia inmediata, mientras que la otra acompañará a la primera a través de la escucha empática y una serie de sugerencias, con el fin de conducirla a un estado de mayor conexión consigo misma o a un mayor nivel de experiencing.

Es indispensable, para que Despejar un Espacio funcione, que la persona que escucha esté lo suficientemente “presentificada” (en el aquí y el ahora) para aquella que atenderá su experiencia (el cliente o focalizador), y que no esté con su mente en otros asuntos pasados o futuros. Diversos autores (Tudor & Worral, 1994; Geller & Greenberg, 2002; Schmid, 2002) desde perspectivas diferentes, mencionan la Presencia, o capacidad de estar sumergido en el aquí y el ahora, como una de las condiciones más básicas del encuentro existencial, sobre todo si tiene un carácter psicoterapéutico, como es el caso de Despejar un Espacio.

En la dimensión relacional de Despejar un Espacio también son importantes diversos aspectos de la comunicación, como el lenguaje corporal, los aspectos paraverbales y la utilización de formas lingüísticas precisas. Nuestro lenguaje corporal concreto influirá en la manera en que nos encontremos con el otro, por lo tanto una adecuada distancia física y una propicia disposición corporal de atención e interés pueden contribuir a crear un clima de focalización interior. Los aspectos paraverbales juegan un rol más importante aún; un tono de voz claro o suave y un ritmo pausado en el habla serán esenciales en la realización de la técnica, sobre todo cuando la persona se sienta ansiosa, tensa o angustiada. La utilización de un lenguaje sencillo, por supuesto, será altamente pertinente.

El uso de la meta-comunicación (Watson & Greenberg, 2000) es otro sutil aspecto de la dimensión relacional que puede contribuir a implementar adecuadamente Despejar un Espacio. La meta-comunicación incluye los comentarios del terapeuta acerca del proceso terapéutico de una manera sencilla y genuina, en la que explica al cliente en qué consiste y a que puede ayudar una técnica específica. Incluye, además obtener el acuerdo del cliente acerca de la posible aplicación de la técnica. Si Despejar un Espacio se realiza sin avisar, la persona lo puede vivenciar como extraño o incluso intrusivo; y esto, por consiguiente, puede producir el fracaso en la aplicación de la técnica, e incluso, rupturas en la alianza terapéutica.

Otro aspecto acerca de la dimensión relacional que es bastante sutil pero a la vez esencial, es preguntarse: “¿Es necesario en este momento que me contacte con esta persona a través de esta intervención?” Considero necesario plantearse esta pregunta porque entiendo que cuando se proponen técnicas evaluándolas como de alto valor terapéutico, pueden ser usadas de un modo estereotipado. Por ejemplo usando Despejar un Espacio o una variación de él, siempre al comienzo de cada sesión, o siempre de la misma forma.

Finalmente, otro aspecto aún más sutil respecto de la dimensión relacional es lo que yo llamo “la respuesta interna del terapeuta”, con lo cual hago referencia a lo que el terapeuta hace con su experiencing mientras interactúa con el cliente, si la propia sensación interior es sencillamente chequeada, o mejor aún, intencionalmente apaciguada. Creo que “despejar”, “apaciguar” o “silenciar” la propia sensación interior, mientras se realiza Despejar un Espacio es un paso que contribuye a la comprensión del cliente, y a que éste logre una adecuada sintonización consigo mismo.

Reflexionando todo lo anterior, vemos que Despejar un Espacio no es simplemente el resultado de la aplicación de los pasos de la técnica, es una interacción, una experiencia dual. Ya que cliente y terapeuta no están separados, decimos que el resultado de la técnica se ve afectado por la influencia mutua entre ambos, y que a su vez la técnica y la influencia mutua re-crea a ambos individuos.


Un tipo especial de atención.

Las características de la atención que el cliente pueda desplegar en Despejar un Espacio, por supuesto que son una propiedad de las características y de la calidad de la Dimensión Relacional del proceso. En este sentido entenderemos que todos los elementos citados en el apartado anterior contribuyen en alguna medida a que el cliente despliegue una atención constante y cálida sobre su experiencia.

Habitualmente se habla de la atención que se despliega en Focusing como una “atención especial”; esto se debe a que lo que se busca no es meramente un proceso cognitivo en el cual la persona debe centrarse en su experiencia corporalmente sentida de manera ininterrumpida, sino que también se busca favorecer una atención afectiva sobre aquello que se atiende, una atención paciente, interesada, no valorativa, no analítica, amigable, etc. En este sentido entenderemos que el proceso atencional que se busca desplegar es cognitivo-afectivo.

Volcamos la atención sobre la experiencia corporalmente sentida del cliente con alguna invitación o sugerencia explícita. Sostenemos la atención ahí, haciendo que la persona vuelva una y otra vez sobre su experiencia, con invitaciones puntuales, con formas lingüísticas específicas (“esta parte de ti”, “algo en ti”, etc.), y con el uso del lenguaje no verbal (haciendo gestos con las manos en referencia a la experiencia sentida, por ejemplo).

Según mi opinión, una de las claves del proceso es que la atención sea sostenida, por esto, si la persona pierde su atención, su foco, buscaremos restablecerlo. Una atención constante ayuda a reducir la ansiedad.


Identificación de estresores.

Despejar un espacio involucra la realización de un inventario de los estresores que se están llevando, para que ellos luego puedan ser “despejados” del cuerpo. Se considera que este paso es más sencillo y útil que tratar de trabajar inmediatamente con la complejidad holística de todos los problemas en conjunto.

Se debe señalar al cliente que lo que se busca no es realizar una lista interminable con todos los problemas que pudiera tener en su vida, sino sólo con aquellos que se sienten pesados o incómodos ahora mismo. Alemany (1988) destaca que “Es importante recalcar que eso se hace con el cuerpo y desde el cuerpo”, esto quiere decir que la identificación de cada problema estresor se debe realizar chequeando el espacio corporal interior.

Después de identificar cada estresor, se invita a la persona a captar un referente directo acerca del problema citado, por ejemplo: “Tengo un montón de deudas…me siento asustado de no poder pagarlas y quedar más endeudado”. La técnica opera cuando acogemos cada expresión del cliente y cuando la invitamos a relacionarse con ella de un modo específico, de un modo aceptante. Tras la identificación de cada problema y tras cada referente directo volvemos sobre ese “residuo de experiencia” que aún permanece produciendo tensión o incomodidad y continuamos nuestra interacción empática. Lo que hacemos en este paso es “reconocer” o validar cada asunto o problema, con una actitud de “Sí, eso está aquí y eso otro también está ahí” (Gendlin, 1981, 1982). Cabe destacar que la persona no necesita nombrarnos específicamente cada preocupación o problema y que sólo basta con que los identifique para ella. Esto se lo podemos señalar a la persona antes de realizar el ejercicio.

Posteriormente se invitaría a dejar cada problema a “cierta distancia” con la imaginería guiada del próximo paso. Después de que cada estresor es “removido”, se puede apreciar el efecto beneficioso, encontrando que progresivamente se produce un alivio físico después de que cada estresor es puesto “fuera del cuerpo”.


Un acto interno.

Ya mencionamos que la ejecución de un “acto interno” es uno de los elementos claves de Despejar un Espacio y que la mayoría de las veces consiste en una imaginería guiada en que se insta a los clientes a desarrollar una imagen en que los problemas o la sensación sentida misma son puestos a “cierta distancia”. Ahora vamos a especificar cuales son las posibilidades dentro de esa imaginería guiada y a mencionar otros tipos distintos de actos internos que se implementan como medio para lograr el efecto deseado de Despejar un Espacio.

Leijssen (1998a, 1998b, 2004) menciona que básicamente hay cuatro formas de “lograr una distancia correcta entre el Yo y los problemas”; 1) Poner los problemas aparte, 2) Dar un paso atrás de los problemas, 3) Crear un espacio de respiración en el cuerpo, y 4) Hacer contacto con un “buen lugar” (“good spot”). Sin embargo, yo reordenaré esta clasificación para ser aún más específico, puesto que sus dos primeras propuestas corresponden a variaciones de la imaginería guiada, y porque su cuarta proposición “hacer contacto con un buen lugar”, tal cual ella lo menciona (Leijssen, 1998b) incluye dos actos totalmente distintos: recordar algo positivo y atender una parte del cuerpo que se experimenta de forma agradable.

Entonces, mi clasificación será la siguiente: 1) Imaginería guiada, 2) Respiración, 3) Recordar algo positivo, y 4) Atender una sensación agradable en el cuerpo.

Imaginería guiada: La imaginería guiada es el procedimiento más habitualmente citado y utilizado para practicar Despejar un Espacio. Las posibilidades respecto de las imágenes, es bastante amplia o quizás ilimitada, pero básicamente se puede agrupar en cuatro acercamientos: a) Poner a distancia: Se imagina los problemas como algo que se pone a cierta distancia, lejos, abajo, o aparte, por ejemplo, algún tipo de peso que dejamos en el piso, una maleta que soltamos de nuestras manos, etc. b) Distanciarse: Imágenes donde se visualiza que somos nosotros mismos los que nos distanciamos de algo muy grande, por ejemplo, distanciarnos de los problemas que son vistos como rocas o montañas, etc. c) Poner en un lugar seguro: Cuando se pone algún aspecto o persona que producen temor o compasión en un lugar seguro, por ejemplo, poner a una persona que nos agredió tras las rejas, o al otro lado del río, o cuando necesitamos imaginar a un pequeño niño maltratado o un hijo muerto en una cuna, o en nuestro regazo, etc. d) Imaginar un paisaje o recuerdo agradable: Implica solicitarle al cliente que imagine un paisaje o circunstancia que invoque paz en su vivencia inmediata, como una plaza, bosque o playa; o bien, que rescate el recuerdo de una situación que le produzca paz, tranquilidad o sentimiento de protección. Desde esta vivencia se invita luego a abordar los problemas que previamente se experienciaban como abrumadores.

Respiración: Otra manera, mucho más sencilla de producir una sensación de despeje es iniciar una respiración suave y rítmica mientras se atiende el espacio interior que pudiera estar tenso, como si se estuviese “llevando” aire puro a tal espacio. La clave está en mantener a la persona sumergida en este acto de llevar aire puro a su interior, de modo que se sustraiga de la inquieta actividad del pensamiento acerca de todo eso que le aqueja y le abruma (una vez más, un elemento esencial es la atención ininterrumpida y amable).

Recordar algo positivo: Una tercera opción es recordar alguna figura protectora que la persona haya tenido o tenga actualmente en su vida. Por ejemplo, una persona puede imaginarse a la sombra de un árbol que había en la casa de sus abuelos donde se refugiaba cuando estaba triste, o imaginarse a un pariente u otra persona que identificamos como aceptante y afectuosa hacia nosotros, de tal modo que esto contribuya a sentir el espacio interior de un modo más relajado.

Atender una sensación agradable en el cuerpo: La cuarta opción, generalmente utilizada cuando se trabaja con persona con dolor físico crónico, como enfermos de cáncer. En la medida que la persona permanece agobiada por la vivencia del dolor, no puede forjar el foco de atención interior que le permitiría acercarse adecuadamente a sus sentimientos. Por lo tanto la sugerencia apunta a focalizarse en una parte del cuerpo donde se experimente una sensación agradable, y luego de crear ese punto de atención pasar a trabajar con los sentimientos de la persona.


SOBRE LA PERTINENCIA DE LA APLICACIÓN DE LA TÉCNICA.

Cuando puede ser necesaria

Habitualmente se considera que Despejar un Espacio es especialmente útil en un proceso con “demasiada cercanía”, en el cual el cliente muestra, verbalmente o no, que demasiado está viniendo a su sentir, que su experiencia está siendo demasiado intensa, que está experimentando emociones abrumadoras o alto niveles de ansiedad (Weiser Cornell, 1995; Hinterkopf, 1998, Leijssen, 1998); este tipo de proceso puede hacer que la persona esté pensando demasiado lo cual le impide centrarse de manera optima en su sentir, o que la experiencia corporal resulte tan intensa que haga imposible el proceso cognitivo atencional que es crucial para empezar a focalizarse en la experiencia.

Despejar un Espacio puede ser útil en el caso en que la persona esté consciente que está aproblemada por diversos asuntos claramente identificables, o cuando la persona está demasiado tensa sin saber al principio debido a qué. También resulta pertinente cuando hay dolor físico debido a lesiones o enfermedades, como es el caso del cáncer.

Sin lugar a dudas, si la persona está muy inquieta debido a que la cualidad de sentimiento es muy intensa, o si está divagando de un tema en otro sin hacer referencia concretas a su experiencia, Despejar un Espacio puede ser de ayuda.


Cuando no es necesaria y cuando resulta contraproducente.

Hasta ahora casi todas las apreciaciones sobre Despejar un Espacio en la bibliografía del movimiento experiencial lo señalan como un movimiento inherentemente beneficioso e incluso casi indispensable. Sin embargo, debemos advertir que de hecho, no siempre es necesario implementarlo y que además puede resultar contraproducente en algunas situaciones.

No todos necesitan realizarlo: ¡Por supuesto! No todas las personas requieren ayuda para ponerse en contacto con su experiencia corporalmente sentida. Hay personas que presentan de forma innata la capacidad para enfocarse en lo implícito; se toman su tiempo para contactar una sensación sentida, se centran en ella y van chequeando con ésta cada cosa que dicen, de modo que logran muy naturalmente llevar adelante su experiencia. Básicamente, lo que estás personas necesitan es la compañía empática de un otro, ya que su capacidad de “focalizar”, o la capacidad de sintonizarse y escucharse eficazmente a si mismas sólo necesita del ambiente o interacción adecuada para surgir. Para este grupo de personas, la aplicación de Despejar un Espacio sería innecesaria.

No todos logran realizarlo: Muchos clientes se muestran incapaces de seguir la sugerencias o instrucciones de Despejar un Espacio, especialmente cuando deben hacer el listado y reconocimiento de las preocupaciones que llevan en su cuerpo en ese momento, y más aún cuando deben imaginar que las están poniendo aparte o a cierta distancia. Esta dificultad puede ocurrir en un setting terapéutico individual, pero ocurre con más frecuencia cuando Despejar Un Espacio es realizado de forma grupal, ya que en tales circunstancias el contacto entre guía y focalizador no es tan personalizado. Lo anterior se puede atribuir a problemas en el vínculo terapéutico o a problemas en la implementación de la técnica, pero también a ambos factores.

No todos deberían realizarlo: Si consideramos que Despejar un Espacio se recomienda particularmente para personas en un proceso con “demasiada cercanía”, que están experimentando emociones abrumadoras, o se hallan muy dispersas debido a la ansiedad, entonces, se correría el riesgo de implementarla con personas que están en el proceso contrario, en un proceso con “demasiada distancia”, el cual se caracteriza porque la persona “no sabe sobre qué hablar, sintiendo pero muy poco, o siempre dudando de los sentimientos, necesitando un tiempo largo para contactar una emoción, perdiendo ese contacto fácilmente, concentrándose en procesos intelectuales y hablando desde allí; explicando un montón de cosas al terapeuta, racionalizando el problema, predominantemente citando la autoridad externa, comprometiéndose en discusiones muertas.” (Leijssen, 1998).

En estos casos, el uso de Despejar Un Espacio presenta esencialmente dos desventajas: 1) Que la sensación sentida del cliente puede experimentar abandono ya que se le está instando a apartarse, lo cual replica una vez más el tipo de contacto que usualmente tiene la persona con sus sentimientos y, 2) Que el cliente pueda perder el escaso y frágil contacto que tiene con su sensación sentida. (Weiser Cornell, 1996).

Teniendo en cuenta lo anterior, comprenderemos que el uso de Despejar un Espacio con personas que presentan este tipo de proceso experiencial, podría resultar contraproducente. Muchas veces, es precisamente el uso de la imaginería guiada la que produce estos efectos indeseados en personas que están teniendo un proceso con “demasiada distancia”.

Respecto de las personas con un proceso de “demasiada distancia”, yo creo que no necesariamente están sintiendo muy poco o nada, sino que solamente no saben prestar atención a su experiencia, y/o no saben como empezar a describir aquello que sienten. Por supuesto, en el caso de aquellos acostumbrados a realizar análisis y racionalizaciones esta dificultad puede hallarse acrecentada. Para estos casos, entonces haría falta otro método de entrada para contactarlos con su experiencia y dejarlos en buen pie para realizar el Focusing (esta posibilidad se examina más abajo).

No todos quieren hacerlo: Muchas personas en psicoterapia sólo necesitan estar en un contacto directo con el terapeuta, y no quieren someterse a técnicas, aún cuando ya se haya desarrollado una sólida alianza terapéutica. En estos casos, la implementación inadecuada de Despejar un Espacio puede ser un paso contraproducente en la relación terapéutica, porque la persona puede sentir que el terapeuta está más interesado en aplicar técnicas que en estar en contacto con ella. La implementación de técnicas debe establecerse de mutuo acuerdo con la persona.

A veces no es conveniente hacerlo: Greenberg y Cols. (1993) plantean que no siempre es conveniente solicitar al cliente realizar tareas que impliquen algún grado de complejidad en su ejecución, por ejemplo, en los primeras sesiones de la terapia, cuando aún no se ha desarrollado una sólida alianza terapéutica; o cuando las personas se hallan en un proceso de alta vulnerabilidad. Se recomienda que en estos casos el terapeuta sólo se mantenga respondiendo empáticamente. Si examinamos Despejar un Espacio apreciaremos que se trata en efecto de una técnica compleja, con variados pasos, y varios tipos de pasos; por lo tanto, no sería conveniente implementarlo en los casos que se han señalado.


3.6 Lo que hace que Despejar un Espacio (a veces) no funcione.

La mayor parte de las veces se habla de Despejar un Espacio como una técnica inherentemente valiosa o de ayuda. Pocas veces se habla de las dificultades se pueden encontrar al implementar la técnica, y mucho menos se habla de sus efectos adversos. La excepción a esta postura, han sido los planteamientos críticos de Ann Weiser Cornell (1991a, 1991b, 1995, 1996).

Dificultades relacionadas con la alianza terapéutica: Cuando cualquiera de los tres elementos constituyentes de la alianza terapéutica (vínculo, objetivos, tareas) se haya descuidado, se corre el riesgo de aplicar Despejar un Espacio sin éxito o incluso de manera contraproducente. Si la técnica se impone o se sugiere sin que la persona se sienta segura con el terapeuta (vínculo) es probable que pueda fracasar. Si el cliente, o cliente y terapeuta no han acordado y explicitado cuales son los objetivos de la actividad terapéutica (objetivos), por ejemplo, si la persona sólo desea sentirse escuchada sin tener que estar experimentando con técnicas que provienen desde la experticia del terapeuta, entonces también puede haber riesgos de una aplicación inapropiada de la técnica. Por último si la persona desconoce una idea general de cuáles serán las características de las técnicas que se le sugerirá practicar, entonces el riesgo será similar. El éxito o fracaso en la aplicación de Despejar un Espacio SIEMPRE dependerá de las fluctuaciones en la calidad de la alianza terapéutica.


Dificultades relacionadas con la técnica: Aparte de las dificultades surgidas por deficiencias en la alianza terapéutica, las fallas en el proceso de Despejar un Espacio pueden tener su génesis en aspectos específicos de la técnica. Yo distingo dificultades en la realización de un listado de preocupaciones o estresores, y con mayor frecuencia, en la realización de la imaginería guiada, el “acto interno” que distingue la técnica de despejar un espacio.


Listado de preocupaciones.

En no pocas ocasiones, sucede que las personas ejecutan Despejar un Espacio realizando un listado prefabricado de preocupaciones, repitiendo un discurso que ya han hecho en otras ocasiones con otras personas, nombrando asuntos que no están allí en su experiencing, en ese preciso momento. También se da el caso de personas que se explayan en detalles acerca de una o más de los asuntos o problemas que van citando, y en lugar de conseguir relajarse se van tensionando más. Me ha tocado incluso, acompañar a personas que aún cuando han cerrado los ojos, no están centrándose en su interior, ¡sólo están con los ojos cerrados! y continuando citando preocupaciones “desde su cabeza” o hablando sin ningún tipo de compromiso experiencial que vaya a conducir a un despeje de espacio.

El listado de preocupaciones propuesto puede alejar a la persona del aquí y el ahora, puede hacer que se explaye mucho y que la sesión se ocupe sólo con Despejar un espacio (Weiser Cornell, 1995).

Quiero distinguir entre listado de preocupaciones-problemas y un listado de referentes directos, porque lo que necesitamos no es la mera identificación de preocupaciones, sino que también los referentes directos de esas preocupaciones, o incluso sólo los referentes directos (ver por ejemplo, transcripción en Alemany, 1988).


Imaginería v/s Cambio corporal.

Para empezar, la imaginería guiada del poner las cosas aparte puede ser experimentada como directiva. Puede que la imaginería sugerida no se ajuste en forma alguna a la experiencia sentida. Gendlin (1970, 1996) insiste en que el trabajo con imágenes debe surgir desde la sensación sentida, y que en la medida de lo posible no debe ser guiado, pero cuando se refiere a Despejar un Espacio contradictoriamente propone imaginerías guiadas.

Respecto del uso de la imaginería y su esperado efecto corporal, podemos hallar cuatro situaciones: a) Que la persona realice la imaginería y se despeje corporalmente (este es el más obvio, así que no lo voy a comentar a continuación), b) Que la persona realice la imaginería, pero no se despeje corporalmente, c) Que la persona no pueda realizar la imaginería y no se despeje corporalmente, y d) Que la persona no pueda realizar la imaginería, pero que inesperadamente sí se despeje corporalmente.


a) La persona realiza la imaginería, pero no se despeja corporalmente: Esto es algo bastante habitual sobre todo en personas que tienen poca experiencia practicando Focusing, pero también puede ser experimentado por personas que sí lo conocen.

Respecto del uso de la imaginería en Despejar un Espacio, Gendlin (1982) enfatiza:

“Después de cualquier uso de la imaginación, por supuesto, se debe comprobar en el cuerpo para ver si viene alivio físico. La imaginación no decide si el problema se ha puesto a un lado o no” (negrillas agregadas).


Entonces, puede ocurrir que un cliente indique que ha puesto los problemas a cierta distancia porque a nivel de la imaginación lo ha hecho, no habiéndolo realizado aún a nivel corporal, sencillamente porque todavía no conoce esa especial forma de atención corporal y cómo hacer el acto interno. Podemos imaginar muchas cosas agradables sin necesariamente estar relacionándonos con los asuntos de un modo aceptante, o sin lograr descansar de los problemas. En este caso, la persona no logra identificar y desarticular los niveles superiores de sentimiento que funcionan como condicionadotes de los sentimientos más básicos.

c) La persona no puede realizar la imaginería y no se despeja corporalmente: Este es otro resultado bastante usual, la persona no logra realizar la técnica de ninguna manera. Quizás la persona no tiene la facilidad de realizar imaginería, o quizás no le resulta de ayuda tener que seguir la imaginería dirigida que le impone el terapeuta, porque es sensible a asuntos de control, dominación y poder con figuras de autoridad, entre ellas el terapeuta (una vez más, la dimensión relacional implicada en el desarrollo de la técnica). En este caso, quizás el esfuerzo de realizar una imaginería guiada obstaculiza la posibilidad de desarticular el entrampamiento de sentimientos que implica llevar un problema.

d) La persona no puede realizar la imaginería, pero se despeja corporalmente. En este caso nos podemos preguntar ¿Qué causa el despeje corporal si no fue la imaginería? Yo creo que, el tipo de interacción y el proceso atencional ininterrumpido. En este caso, sería la presencia del terapeuta y las interacciones previas a la aplicación de la técnica las que estarían conduciendo a un resultado exitoso, o quizás también las características positivas del para-lenguaje durante el intento de la técnica (tono suave de voz, ritmo pausado de las instrucciones), las que estarían contribuyendo al despeje de espacio. La actitud presente y aceptante del terapeuta ayuda al cliente a desarticular la actitud critica o distante hacia sus sentimientos y lo lleva a una actitud de aceptación.




MÁS OBSERVACIONES SOBRE EL PROCESO DE DESPEJAR UN ESPACIO.

Aún cuando Despejar un Espacio fue formulado originalmente como un movimiento preliminar para potenciar los otros cinco pasos del Focusing, en la práctica se puede observar que muchas veces no constituye un procedimiento muy diferente de éstos; ya que para llevarlo a cabo de manera exitosa, es necesario prestar atención a la experiencia corporalmente sentida, también se deben realizar referentes directos, resonarlos, o hacer preguntas. De hecho, lo único que resulta definitivamente característico de la clarificación de espacio, en relación con el resto del proceso de Focusing, es su acercamiento marcadamente directivo; lo cual se observa en la solicitud de realizar un listado de preocupaciones, la imaginería guiada del ‘poner a distancia’, y las sugerencias (o incluso insistencias) del terapeuta hacia el cliente pidiéndole que “No te metas profundamente en eso por ahora”. (Ver transcripciones en: Alemany, 1988 y The Folio: Focusing and Medicine, 1999).


VENTAJAS Y DESVENTAJAS DE DESPEJAR UN ESPACIO.

Ventajas.

Indiscutiblemente, Despejar un Espacio ha demostrado ser una aplicación terapéutica útil en variados contextos, por lo tanto, podemos advertir que tiene una serie de ventajas. Para empezar, se plantea como un procedimiento independiente que se puede utilizar no sólo como preámbulo de la actividad psicoterapéutica, sino que también se puede implementar como una preparación para actividades creativas o meditativas, o incluso practicarse sin otro objetivo que conseguir la sensación de “espacio despejado”. Desde otra perspectiva, Despejar un Espacio, se plantea como una herramienta útil para usarla en contextos muy variados y con grupos de personas muy diversos. Por ejemplo, en la psicoterapia, en la medicina, en la actividad creativa, en la meditación, en contextos médicos, en la educación, en el deporte, etc.; y en beneficio de personas adultas, enfermas, o con niños. Sin mencionar que parece indispensable para trabajar asuntos más profundo como los background feelings o sentimientos de trasfondo (ver Gendlin, 1981; Hinterkopf, 1998; De Fremenville, 2004, 2006).


Desventajas.

En cuanto a sus desventajas, algunos autores han mencionado que en ocasiones su implementación puede tomar demasiado tiempo de la sesión terapéutica; que su ejecución contiene implica una “victimización” del cliente, ya que el mensaje implícito en la interacción terapeuta-cliente sería “Esto es demasiado par ti, yo te voy a ayudar a dejar todo esto afuera” o “Tu eres víctima de tu propia experiencia así que vamos a hacer algo para apartar eso que te abruma” (Weiser Cornell, 1995).

Otra posible desventaja de Despejar un Espacio en algunas circunstancias es que puede hacer que las personas pierdan contacto con su experiencia al invitarlas a realizar una tarea que les puede resultar demasiado compleja. En este sentido se entendería que el solicitar “un listado de preocupaciones” y conducir al paciente con una “imaginería guiada” se puede convertir en una actividad distractiva para algunas personas.

Ya que es una tarea muy compleja, puede ser contraproducente en los primeros estadios de la terapia, puede producir quiebres en la alianza terapéutica. (Watson & Greenberg, 2000).

Además su proceso y sus efectos son difíciles de chequear en contextos grupales donde la interacción terapeuta-cliente no es tan personalizada; en este tipo de situación muchas personas se muestran incapaces de seguir las instrucciones, especialmente las de la imaginería guiada, y se sienten además temerosas de interrumpir la silenciosa actividad terapéutica para comunicar sus dificultades al facilitador (Robles, 2007).


VARIACIONES DE LA TÉCNICA Y PROCEDIMIENTOS ALTERNATIOS.

Las Técnicas de Relación Interna de Ann Weiser Cornell.

Ann Weiser Cornell (1991a, 1991b, 1995, 1996, 2001) ha sido crítica acerca de la dispensabilidad de Despejar un Espacio, proponiendo un enfoque de enseñanza del Focusing que sólo consta de cinco movimientos que no considera el paso en cuestión (1991b), y en el cual éste sólo aparece como un paso opcional como muchos otros movimientos de Focusing. También ha presentado serios reparos a la técnica considerando que en conjunto o que algunos de sus pasos tienen un efecto negativo sobre algunas personas, particularmente para aquellas que se encuentran en un proceso con “demasiada distancia” (1991a, 1995, 1996).

Ella aclara su postura:

“Mi objeción no es hacia Despejar un Espacio en sí… Si reconocemos que hay algunas personas que serán beneficiadas por despejar un espacio, y otras que no, entonces esto significa que deberíamos modificar nuestra guía y nuestra enseñanza… No deberíamos seguir diciendo que despejar un espacio es el primer paso del Focusing. Deberíamos decir en cambio, que despejar un espacio es el paso opcional del Focusing” (Weiser Cornell, 2001).


Por lo motivos anteriores, la autora ha propuesto las “Técnicas de Relación Interna” como una alternativa a Despejar un Espacio (Weiser Cornell, 1995). Las “Técnicas de Relación Interna” implican el uso de pequeños actos de interacción y atención hacia la sensación sentida; fundamentados en un enfoque en que se considera que ésta es un “algo” potencialmente vivo, con necesidades y deseos propios, y que tiende a responder muy positivamente cuando se le atiende de esta forma. Dentro de estos pequeños actos de atención e interacción hacia la sensación sentida encontramos:

Reconocimiento: Consiste en el sencillo acto de admitir conscientemente que el sentimiento está allí en nuestro interior, y de quizás hasta saludar o anunciarle nuestra llegada y compañía a tal sentimiento. Esto puede hacer con sencillas frases dichas en silencio hacia nuestro interior: “Sí, hay dolor aquí”, “Ya estoy aquí, junto a esto que duele”, “Si, siento miedo con este problema, es miedo…”, etc.

Despejar un Espacio con Reconocimiento: Se refiere a la realización habitual de la identificación y enlistado de preocupaciones, pero realizando el acto de “reconocimiento” para cada asunto y referente directo que surja.

Resonar: Consiste en chequear si una palabra, imagen, o una frase encaja o describe adecuadamente a la sensación sentida, relacionándose con la sensación desde una perspectiva de observador no enjuiciante.

Desidentificación: Este paso se implementa para generar una distinción entre el Yo que posee, se relaciona y atiende un sentimiento, y el sentimiento mismo que es visto como “una parte” de la experiencia del Yo. Esta distinción se realiza con frases como “Una parte de ti está dolida”, o “Algo en ti necesita descansar” o “Hay vergüenza en ese lugar dentro de ti”. La finalidad de esta micro-técnica es ayudar al cliente a moverse, por ejemplo, desde “Yo estoy triste” hacia “Una parte de mi está triste”.

Sintiendo desde el punto de vista de la sensación sentida: La idea de este movimiento es desplegar la capacidad de empatía y compasión del cliente hacia los aspectos de su propia experiencia, sacándolo de la relación de victimización que pudiera haber tomado respecto de ella. Se puede utilizar, por ejemplo, para chequear en la experiencia misma por qué cierto sentimiento aparece como extraño, abrumador o irracional, por ejemplo, un miedo intenso a salir de casa.

Suponer que la sensación sentida tiene una buena razón para ser abrumadora: Esto consiste en sugerir al cliente que, al menos por un momento, suponga que el sentimiento extraño, abrumador o irracional, tiene alguna buena razón para manifestarse de ese modo. Con esto el cliente puede develar (continuando con el ejemplo anterior) que el miedo intenso a salir de casa se relaciona con un modo de evitar el contacto con las personas, ya que previamente le habían hecho daño.

Incluir al focalizador en las respuestas de escucha: Tiene un objetivo similar a la Desidentificación, también busca distinguir el Yo que posee la experiencia de la experiencia misma, pero reflejando que es la persona la que está teniendo la experiencia, por ejemplo, “(Tu) Estás notando que hay miedo en ese sentimiento”, o “(Tu) Estás sintiendo que la sensación es densa y pesada”, etc.


Ahora bien, es necesario distinguir varios aspectos acerca de las “Técnicas de Relación Interna” como procedimientos alternativos a Despejar un Espacio. Por una parte, no constituyen una técnica con pasos claramente diferenciados como es el caso de Despejar un Espacio y tampoco tienen necesariamente el carácter de “técnica de entrada al Fousing" como lo tiene éste; de hecho las técnicas de Weiser Cornell no siempre es tan sencillo aplicarlas en los primeros estadios de la terapia, porque para las personas muchas veces es difícil “ponerse en el lugar de la sensación sentida”, por ejemplo. Por otra parte, hay que señalar que “resonar”, “reconocer” o incluso la “desidentificación”, se pueden utilizar en conjunto con la aplicación estándar de Despejar un Espacio. De hecho, “reconocer” y “resonar” ni siquiera son técnicas nuevas, sino que siempre han sido parte crucial de Despejar un Espacio (ver Gendlin, 1981, 1982).

La ventaja de las técnicas de relación interna por sobre Despejar un Espacio, es que al proponer de manera explícita una relación con la sensación sentida, desactiva los niveles de experiencia que funcionan como condicionantes de la experiencia auténtica, y esto en consecuencia pone el proceso en marcha y provoca el efecto deseado de “espacio despejado”.


La Imaginería guiada de Campbell Purton.

Por su parte, Campbell Purton (2002) presenta una modificación a la imaginería guiada del Despejar un Espacio tradicional. Esta modificación proviene de su reflexión acerca de qué es específicamente aquello que ocurre con el movimiento de Despejar un Espacio y que habitualmente se describe con metáforas como “crear distancia”, “poner aparte”, “poner abajo”, o “desidentificación”. Según el autor, lo que ocurre tras Despejar un Espacio, en términos de experiencia subjetiva es que:

“Imaginativamente nos miramos a nosotros mismos en nuestra situación como si nos estuviésemos viendo en ella desde el punto de vista de otra persona… Lo que estamos haciendo cuando ‘ponemos algo a distancia’ es imaginativamente apartarnos de nosotros mismos, y vernos a nosotros mismos como pensando desde afuera, desde el tipo de distancia en que un buen amigo podría vernos.” (Purton, 2002).


A partir de esa conclusión, Purton propone sustituir la imaginería del “poner a distancia”, por una imaginería guiada en que se invite a la persona a construir imaginativamente una escena o contexto en que la situación o problema está ocurriendo “para ver qué es lo que está ocurriendo allí”, de tal manera que se logre un punto de vista distinto (más flexible o adaptativo) sobre el asunto en cuestión; el punto de vista que tendría un observador externo.
[1] Esta imaginería tendría que realizarse para cada nuevo problema que sea identificado. Por lo tanto, la variación podría ser de todas maneras igual de compleja, ya que, por una parte, puede tomar un tiempo considerable hacer que la persona imagine un escenario para cada asunto o problema, y por otra, porque utiliza imaginería guiada puede ser difícil o imposible para algunas personas en ciertos contextos interaccionales, debido a su carácter demasiado directivo.


Despejar un Espacio con Arte-Terapia de Laury Rappaport.

Laury Rappaport (1988, 2006) al combinar el Focusing con la arte-terapia, propone al menos tres formas de obtener un Despeje de Espacio realizando dibujos.

En la primera forma se propone la realización de un dibujo libre, invitando al cliente a graficar cualquier cosa que se le ocurra en el momento (formas, colores, imágenes abstractas o realistas, etc.). Ella reflexiona que la realización del dibujo ayuda al cliente a situarse en el aquí y el ahora, descargando la tensión que se está llevando en el presente, y así contribuyendo a entrar en un estado más despejado de existencia.

La segunda forma consiste en dibujar la sensación interior. Para esto se le invita a prestar a su cuerpo interiormente sentido y preguntarse “¿Cómo me siento ahora mismo?”, y luego encontrar una imagen que coincida con la sensación encontrada, y se diferencia de la forma anterior en la verificación consciente que la persona hace de su sentir.

La tercera forma incluye la realización de una imaginería guiada por el terapeuta, en que se propone la visualización de un escenario apacible y relajante que luego se dibuja.

¿De qué manera Despejar un Espacio puede llegar a concretar al combinarlo con la realización de un dibujo? En mi opinión, por el despliegue de un proceso atencional sostenido sobre un objeto-de-atención, ya sea externo (el dibujo mismo), interno (la visualización de la imaginería guiada), o de las dos clases, interno y externo (cuando se dibuja la sensación interior). Sería el proceso atencional, lo que contribuiría esencialmente, en este caso, a lograr la experiencia de espacio interior despejado.


CONCLUSIÓN.

En el texto se ha examinado en detalle la estructura y la técnica de Despejar un Espacio, señalando sus ventajas y desventajas, y reflexionando más profundamente acerca de su proceso experiencial subyacente cuando opera adecuadamente y cuando no. También se ha chequeado los procedimientos que hasta ahora se han planteado como variaciones o alternativas a su aplicación habitual. Con todo este análisis se ha pretendido principalmente contribuir a una mayor comprensión acerca de Despejar un Espacio para potenciar su resultado cuando se le aplica.


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[1] Sin lugar a dudas, este procedimiento guarda ciertas similitudes con la técnica de la “moviola” propuesta en la terapia procesal sistémica post-racionalista de Vittorio Guidano (1987).
LUIS ROBLES CAMPOS
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