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jueves, 14 de diciembre de 2006

La Medicina Moderna Ante un Nuevo Paradigma


La Medicina Moderna Ante un Nuevo Paradigma


Por Juan B. Prado FLores

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Médico pediatra neonatólogo. Ex coordinador del servicio de Cuidados Intermedios Neonatales, Hospital Luis Castelazo Ayala, IMSS. Miembro de The Institute for BioSpiritual Research. jubpra@yahoo.com (México)



De médico, poeta y loco,
todos tenemos un poco.
(Refrán)



La teoría científica en la que se fundamenta la Medicina Moderna se formuló, nutrió y fortaleció de numerosos avances no solo dentro de las ciencias biomédicas, sino también de otras vertientes tanto científicas como filosóficas. Ello ha redundado en incalculables beneficios para la humanidad.[1]

En estos últimos cincuenta años han surgido en el campo de la filosofía, el de la psicología y en otras disciplinas, reflexiones, descubrimientos y progresos que ofrecen un nuevo impulso a la Ciencia en general y a la Medicina de una manera directa. De esto trata este breve ensayo.

El aforismo arriba enunciado que puede parecer solo una ocurrencia con rima, para mí no solo roza la gran verdad de que todos los seres humanos -y por supuesto, todo ser viviente- tenemos algo de médico. Las ciencias biomédicas están ya también profundizando y ofreciendo una explicación cada vez más clara de ello, por lo que conviene invertir un poco de tiempo leyendo, pero también sintiendo, lo que es sin duda una muy buena noticia.


La Teoría Fundamental de la Medicina Moderna

La Medicina Moderna se fundamenta en el conocimiento científico-racional de la Enfermedad, el cual se basa en la teoría de que:

a) toda enfermedad tiene como origen un desajuste o LESIÓN sea a nivel iónico, molecular, celular, tisular, orgánico, sistémico o multisistémico,

b) en toda lesión hay una CAUSA, ya de orden físico-químico ambiental, genético, metabólico, bioquímico, endocrino, inmunológico, neoplásico, tóxico, infeccioso, etcétera, y que

c) cada proceso nosológico (enfermedad) requiere de un tratamiento ETIOLÓGICO.

La formación, capacitación y adiestramiento del médico, desde sus primeros años de estudios hasta su graduación y luego como especialista, consiste en CONOCER la lesión en cuanto a su origen, ubicación, extensión, severidad, evolución, complicaciones, secuelas, pronóstico y rehabilitación, así en el ámbito individual como en el colectivo. De allí surgen las áreas médicas de Asistencia, Prevención, Enseñanza e Investigación.

Bajo este paradigma, el médico estudia al enfermo, diagnostica su padecimiento y le instituye el tratamiento. El ‘paciente’ es el objeto en quien recae la acción del profesional ante cuya autoridad el enfermo generalmente responde con un: “está bien”, “aja”, “sí doctor…” Esto podemos representarlo en la siguiente ecuación: a mayor sabiduría del médico, mayor su autoridad ante el enfermo.

La sabiduría del médico es pues, la piedra angular en la que se asienta la Medicina Moderna, de lo que se desprende que el enfermo sea generalmente tomado como el portador de un desajuste que hay que arreglar mediante el ejercicio de una práctica médica ética y una relación médico-paciente enmarcada en una filosofía humanista.

Habiendo dependido de tal modelo (o quizá debido a él), el médico ha asumido que teniendo cubierto el marco teórico podrá curar al enfermo y que lo hará con tal que el paciente mantenga la ‘adherencia’ al tratamiento prescrito, lo que frecuente y afortunadamente, sucede.

Ese paradigma nacido del Método Científico o experimental (que tiene como objetivos conocer el fenómeno para así poder predecirlo y luego controlarlo), enmarca íntegramente el aspecto físico de la enfermedad, sin embargo, en la actualidad se estima que el 80-90% de nuestros problemas de salud se encuentran en el área de lo psico-espiritual; algunos creen que el 100%.
[2]

Una formulación simple y a la vez sabia de esta realidad la expresa E. T. Gendlin en estos términos: “…no tenemos que preguntarnos si un síntoma es físico o psicológico. Toda experiencia humana entraña ambos”.
[3]

Al tener necesariamente que añadir la evidente dimensión psico-emocional-espiritual a la noción de enfermedad, el médico, formado intelectual y filosóficamente en el aludido modelo, se encuentra en un terreno en el que al no poder poner al microscopio, en el tubo de ensayo, en una pantalla, en un registro o en una placa de imagenología la dimensión humana integral, llega a sentirse por decir lo menos, incómodo, ya que en el paradigma actual de la Medicina Moderna ha quedado fuera la integridad bio-psico-espiritual
[4] del enfermo, aunque a veces es incluida exclusivamente a nivel teórico. Esta dimensión humana holística no planteada en el esquema teórico vigente, muchas veces es intuitivamente añadida por el docente y por el clínico, pero general, intuitiva y fundamentalmente a titulo personal, lo que pone de relieve la deficiencia de su referencial modelo científico.


La variable ausente

No es raro pues, que muchos enfermos hayan consultado a médicos de connotado prestigio profesional, quienes han llegado a diagnósticos y ofrecido tratamientos sobre la base de la misma venerable teoría sin haber, aquellos, recibido ningún beneficio patente, recobrado la salud o encontrado un nuevo significado a su sufrimiento. Entonces, el angustioso cuestionamiento del paciente no es tanto si el médico sabe por qué enfermó, sino si hay alguien que realmente le puede ayudar a atender su dolencia y a saber qué hacer con lo que le está enfermando y con la complejidad existencial que está experimentando como “enfermedad” (esto puede suceder también cuando el enfermo es el propio médico).

Ante esta situación -insoluble para el actual paradigma científico/filosófico de la medicina moderna- debemos buscar, -de acuerdo con Albert Einstein
[5]- una variable más, puesto que aun cuando muchas veces logramos evidenciar e integrar todos los aspectos teóricos del fenómeno enfermedad, no tenemos absoluta garantía de éxito en el tratamiento, ¡por muy etiológico que éste parezca!

Al preguntarnos cuál es esa variable que le falta a la teoría en cuestión para abarcar la totalidad de lo la “enfermedad” es, la respuesta es que empezamos a ver que NO hemos tomado en cuenta lo que el cuerpo enfermo sabe respecto a su afección: cómo la lleva, qué le significa, y más importante aún, qué es lo que mediante ella está queriéndole revelar al sufriente; pero no exclusivamente como fuente de información para el médico (antes de haber médicos, brujos y chamanes, el cuerpo a través de sus sensaciones, dolorosas o no, estaba tratando de comunicarle algo importante a quien las experimentaba), sino como el centro mismo, el meollo de lo que al paciente le significa estar enfermo y de donde, hoy sabemos, proviene el proceso hacia la salud integral, sea que la persona vaya a sanar o vaya a morir, lo cual en última instancia e invariablemente, sucederá. De allí que este asunto nos importa a todos.

Así que la paradigmática teoría ‘lesional’, ha dejado fuera la más esencial de las variables: lo que el cuerpo del propio enfermo CONOCE de su ‘enfermedad’ y lo que también el cuerpo es capaz de hacer para acceder a un estado de salud más abarcador que lo solamente físico y que seguramente hará si se les permite actuar a los procesos de regulación que, desde las instancias genéticas intracelulares y el concurso de la compleja interacción de receptores, mediadores, hormonas, neurotransmisores, neurolépticos, etcétera, producen nuevas proteínas que reorganizan el sustrato bioquímico para patrones, sentimientos, aprendizajes y conductas más saludables.
[6]

Es más, ni se nos había ocurrido (en parte porque queda excluido del modelo teórico clásico de enfermedad) que el cuerpo del enfermo conoce, en cierto sentido mejor que el médico, el origen, estado y eventual resolución de sus problemas de salud, como tampoco que el propio médico puede y debe, como imperativo fundamental de su ética médica,
[7] ayudar al paciente a descubrir, liberar, y fortalecer las instancias curativas que el cuerpo en sí mismo y aun enfermo, posee. Y esto porque desconocíamos la manera como el organismo total pone en marcha todo su potencial hacia la salud holística.

Esta crítica situación se halla actualmente en vías de ser reconocida y superada. Traeremos brevemente ahora a este espacio la investigación y los frutos de la misma que están ya dando origen a una revolución en el campo del conocimiento, del experienciar y de la salud humana integral.


La sabiduría del “cuerpo total”

Pero, ¿qué el cuerpo humano no es más que una maquinaria fisiológica semejante a un casi perfecto robot (Guyton)? o, ¿qué puede saber el cuerpo del paciente acerca de su padecimiento que tenga importancia en la terapéutica y que no conozca de antemano su sabio médico tratante?

Las respuestas provienen de los descubrimientos hechos en el sentido de que el cuerpo -como la mente-, tiene su propia manera de conocer, y según la investigación y la ya amplia información disponible, mucho más sabio que ella.
[8]

El cuerpo sabe cómo crecer y desarrollarse, cómo cicatrizar una herida, cómo enfrentar los agentes infecciosos, cómo eliminar los productos tóxicos terminales del metabolismo, cómo mantener la homeostasis, cómo restaurar las anomalías en la replicación del ADN, cómo detectar las células afectadas y eliminarlas, cómo desactivar el estrés oxidativo, cómo generar energía y materia viva a partir de los nutrimentos, cómo resolver retos mediante la lucha o la huida, cómo reproducirse, cómo pensar, como morir…; él sabe a la perfección (y nos lo hace saber) cómo siente cuando le hemos bloqueado la energía de vida (aunque lo hayamos hecho inconsciente e involuntariamente), cómo siente el vivirla en plenitud, y mil sofisticadísimas funciones más que estamos apenas vislumbrando.
[9]

Desde esta perspectiva los “síntomas y signos”, mucho antes de ser elementos para que el médico haga su trabajo semiológico y diagnóstico, ciertamente son el lenguaje con el que el cuerpo está intentando hablarnos y mantenernos conectados ¡con nosotros mismos! Y por cierto, ahora nos estamos dando cuenta cada vez más nítidamente que en la medida en que estamos desconectándonos de nuestro cuerpo vamos cayendo en una condición esquizoide.

A este conocimiento de/en nuestro cuerpo, legítimamente podemos llamarle SABIDURÍA. Así que, no sólo todos tenemos algo de médico; nuestro cuerpo es el mejor médico que jamás existió, pues no-sólo conoce lo que tiene que hacer para mantenernos vivos –y sanos-, sino que al unísono, simplemente y ahora mismo, ¡LO ESTÁ HACIENDO! Y todo ello sin la intervención de nuestras funciones mentales que hemos llamado ‘superiores’. Sí, el cuerpo tiene una sabiduría mucho mayor que la del razonamiento ávido del dominio y del control,
[10] que han sido endiosados a partir del periodo de la Ilustración. La buena noticia es que a la vista de este nuevo paradigma, el conocimiento lineal y lógicamente estructurado de las ciencias médicas, también puede nutrirse de la sabiduría del Cuerpo total.

Aunque hoy en día aun muchos acuden al médico con una buena dosis de pensamiento mágico para ser curados por él, en todo el mundo y por todas partes están surgiendo más y más individuos y comunidades en proceso de auto-actualización (Maslow) que verdaderamente ‘piensan’ (en sentido gendliniano), esto es, que cada vez están teniendo una relación más cercana, equilibrada e incluyente hacia su propio cuerpo, al que experimentan como el referente directo integrador consigo mismos, y de interacción con las demás y con el Cosmos, resultado en estar teniendo acceso a esa sabiduría corporal a la que antes aludimos. Ellos saben que el sentirse enfermos no sólo tiene que ver con lo físico, sino que permiten que su “conciencia corporal” los ponga en contacto con el significado-físicamente-sentido (psico-fisiológico-afectivo-emocional-ético-filosófico-espiritual-comunitario) de su estado de salud, al experimentarse no exclusivamente como entes enfermos sino como seres vivientes y como tales, en movimiento hacia el autodesarrollo. Para ellos, estar enfermos es su “sabio cuerpo” hablándoles, comunicándoseles, conduciéndolos, y a la enfermedad no la ven como un lastre que tienen que arrastrar, sino como fuente de desarrollo y plenitud.

Ahora todos los seres humanos podemos experimentar desde nuestro médico interior, una sabiduría y un significado más sofisticado y esperanzador de la milenaria y aguda sentencia: “Médico, cúrate a ti mismo”. Lo paradójico es que estos asombrosos descubrimientos que estamos por comentar, hayan sido hechos al margen de la medicina oficial.
[11]


El acceso a la sabiduría del cuerpo total

Pero, ¿cómo podemos tener acceso a la sabiduría de ese Médico interior que es nuestro propio cuerpo? ¿Cómo podemos aprender a creerle a esa sabiduría y permitirle trabajar con toda su capacidad en nuestro beneficio aun desde el dolor y la enfermedad? Bueno, pues igual que todas las cosas verdaderamente importantes, trascendentes, y que por específicamente humanas están más allá de le ley de la oferta y la demanda en la que se encuentra inmersa la Medicina actual; podemos hacerlo accediendo al acto crucial interno,
[12] el cual nos conecta con nuestros poderosos recursos interiores generadores de salud. Tal acto crucial fue descubierto por Eugene T. Gendlin, Ph. D., Psy. D. en el Departamento de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Chicago, quien, tras 15 años de seria investigación científica en psicología y de aguda reflexión filosófica, logró dilucidar, integrar, jerarquizar, ordenar, los “pasos”[13] sucesivos que se dan en el ser humano que accede al crucial acto de la integración, esté o no físicamente enfermo. Ese proceso ahora no solamente lo podemos aprender, sino también enseñar.

Gendlin hizo sus descubrimientos en personas que de alguna manera -llamémosle intuitiva-, contactaban esa sabiduría en la resolución de sus asuntos de creatividad, trabajo, conflictos, problemas, enfermedades, etcétera. Él se dio cuenta que lo hacían desde la sensación física-sentida del asunto en cuestión de donde extraían un nuevo significado para su condición y con ello permitían a su proceso corporal llevar adelante su trasformación personal. Tales personas encontraban el ‘significado-sentido’, esto es, la respuesta en su cuerpo de lo que para ellas era realmente su aflicción junto con la resolución de la misma, lo cual es imposible hacer por la mente divorciada del cuerpo. Así que el procesamiento de los asuntos existenciales, incluidos los de salud, vienen al unísono con nuestro desarrollo e integración. Y lo asombroso es que tal proceso parte del registro fisiológico que el cuerpo hace de cada asunto existencialmente importante.


El nuevo paradigma

Ahora sabemos por propia experiencia que la salud holística (física, mental, emocional, social, espiritual) no viene de afuera ni la da nadie. Ella surge gratuitamente cuando animamos a la persona a mantenerse físicamente en contacto con cómo su cuerpo lleva de una manera sentida la verdad de sí misma. Esto, -que hemos experimentado los seres humanos a lo largo de la vida de manera tal vez ocasional- ahora lo podemos desarrollar con bases científicas y mediante la tecnología (entendida ésta como investigación aplicada), resultantes de los descubrimientos de Gendlin, los que le han valido los más altos reconocimientos de cada una de las Tres Divisiones de la muy prestigiada APA (American Psychological Association, la División Clínica, la División Psico-Filosófica, y la División Humanística), y a escala mundial.
[14]

Para mí, éste es el descubrimiento científico más grande a lo largo de toda la historia. Acontecimiento que según modelos matemáticos, está ya repercutiendo positivamente en la vida de más un millón de personas y en las más diversas áreas de la cultura y del quehacer humano como la psicología, la filosofía, la pedagogía, la ética, las ciencias sociales, la medicina, la política, la religión, la ecología, las artes, la espiritualidad, la vida diaria…, generando un desarrollo de la conciencia humana sin parangón en la historia del Mundo. Se trata de una “revolución silenciosa” de tal trascendencia, que los avances tecnológicos en las comunicaciones, la informática, la genética, que ahora nos deslumbran, resultarán en lo sucesivo y comparativamente, más juiciosamente ubicados en el contexto epistemológico global y en el proceso histórico hacia la plenitud humana.


La sabiduría organísmica y la Medicina

Por supuesto que el descubrimiento de la sabiduría corporal no le resta nada a la teoría médica vigente (hasta ahora sus frutos han sido extraordinariamente positivos y es una fortuna para la humanidad tener acceso a los adelantos médicos actuales), sino que le aporta otro descubrimiento científico, tan trascendente como lo ha sido el de la circulación sanguínea.

Esto representa para el practicante de la Medicina, además de estar profundamente comprometido con el conocimiento de la anatomía, la fisiología, la bioquímica, la patología y las disciplinas afines mediante el estudio y el adiestramiento clínico-hospitalario (materias y aprendizajes que hechos experiencia bajo ésta perspectiva, resultan una tarea llena de emoción, excitación y aventura), no sólo para entender dónde y cómo se dan los fenómenos vitales ‘normales’ y los alterados en el cuerpo, sino también y ante todo, para aprender a guiar científicamente al enfermo -y al sano también-, motivándolo a entrar y permanecer en el proceso que libera y fortalece los recursos aprendidos y adoptados por el Cuerpo desde hace millones de años, para mantener, sostener y experimentar la vida en plenitud, lo cual incluye pasar de una simple relación médico-paciente (para algunos actualmente en el peor momento de su historia) a una mutua interacción, lo que incluye llegar a la esencia de lo que ha querido enseñar el Humanismo en la Medicina y lo que la Bioética Médica ambiciona.

Después de las extraordinarias contribuciones de Gendlin y con base en ellas, el paradigma lesión-enfermedad, enfermedad-lesión (y muchos otros en las diferentes áreas del Conocimiento y de la cultura), están siendo retados en sus limitaciones, esperando que les sean incorporados a nivel teórico y práctico, estos descubrimientos, corroborados ya también por la Psicobiología y la Neuro-inmuno-endocrinología.

Hay quienes piensan que este cambio paradigmático se llevará unos 300 años, ya que además de que cada uno necesita tener la intransferible experiencia de saber cómo opera este proceso, por ahora es una aportación difícil de aceptar en el campo específico en el que cada individuo, cada comunidad y la sociedad entera ha absorbido lo que el racionalismo todopoderoso le ha dicho acerca de la Realidad, pues resulta inquietante aceptar que el conocimiento puramente racional, excluyente de la sabiduría corporal, haya estado por siglos, equivocado. Lo importante es que ya estamos siendo testigos –y actores
[15]- de que de este nuevo paradigma está naciendo una nueva humanidad, no estructurada ya sobre los desgarradores patrones de dominio del pasado, sino al contactar la propia fuente de sabiduría interior, de la que viene la dirección hacia el desarrollo, la integración y la comunión con el Todo.

Al experimentar tal proceso desde la enfermedad (aun muriendo
[16]), el dolor, el quebranto, la inquietud científica, el reto intelectual, la creación estética, la aventura de la auto-actualización y cuanto sea existencialmente trascendente y no adoptando respuestas ajenas, preformadas y tenidas por verdades sin ser cotejadas con nuestra Interioridad, podremos descubrir con cuantos viven sumergidos en esta sabiduría corporal, que dentro de ese Caos en el que nos encontramos como individuos, como sociedad, como humanidad y como Mundo, se está gestando ya una “Conciencia Unitaria” (L. L. Whyte[17]) que experimentada como esperanza, nos está permitiendo vivir y construir un mundo más humano, más integrado, más genuinamente Global.

Sí, de Médico tenemos todos lo seres humanos mucho más de lo que cabría sospechar. De “poeta”, de “loco” y de otras cosas, quizá más que sólo un poco, pero esa, es otra historia.

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Notas al Pie de Página.

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[1] Para una visión evolutiva de esta historia ver la obra del Dr. Ruy Pérez Tamayo: “De la Magia Primitiva a la Medicina Moderna”. FCE, México, 1997. en la Web: DE LA MAGIA PRIMITIVA A LA MEDICINA MODERNA


[2] La doctora C. Myss dice (en su libro: Anatomía del Espíritu, Ediciones B, 1997, p. 29) “el estrés o malestar emocional y espiritual es la raíz de todas las enfermedades físicas”. Ella conjuntamente con el Dr. Norman C. Shealy, neurocirujano de Harvard, escribieron The Creation of Healt (Stillpoint Publishing, Walpole, 1993), donde fundamentan mediante la propia experiencia profesional cotidiana, sus palabras.



[3] Bajo esta incuestionable premisa, hay todo un sistema filosófico y una actitud que no divide al ser humano en “componentes”: la ‘maquinaria fisiológica’ (objeto de la medicina) por un lado y otros “contenidos” como el alma o el espíritu, sino que asume que el experienciar se da desde la unicidad del ente humano. Ver: El trabajo corporal; una energía nueva y liberadora, en Focusing y Psicoterapia de E. T. Gendlin. Paidós. España. 1999, pp. 262ss.


[4] Al dejar fuera “el otro lado del cuerpo”, que para el prestigiado filosofo Merleau-Ponty es “el espíritu”, nuestra Civilización Occidental y la medicina moderna han mantenido una visión dualista del ser humano dejando en manos de otras disciplinas lo “no computable”, por lo que el modelo teórico de enfermedad que de allí surge es, limitado, incompleto, insuficiente, inadecuado.

[5] “Albert Einstein en una ocasión ofreció algo relevante a nuestra situación actual que es acertado científicamente y maravillosamente sabio. Él sugirió que cuando el investigador se topa con un problema insoluble y absolutamente intratable, nunca lo podrá resolver al nivel en el que lo experimentó inicialmente, sino que necesita añadir, primero, otra dimensión a su experiencia del problema y sólo entonces encontrará la solución.” Referencia en la Web: http://www.biospiritual.org/ Why this website?


[6] En “Focusing and Health –Some Psychobiological Perspectives-”, Bio-Spiritual Congress. 2000, pp. 1-15, el Dr. B. Nayowith ofrece un panorama de los descubrimientos en Psicobiología de los últimos 25 años, que integran la indivisibilidad “cuerpo/mente” desde sus bases fisiológicas, lo que admirablemente coincide con los descubrimientos de la “Filosofía de lo Implícito” (ver http://focusing.org/) nítidamente expresados mediante los frutos de la Psicoterapia Experiencial y del Enfoque Bio-Espiritual. Ver http://www.biospiritual.org

[7] Este aspecto, aunque implícito en la ética médica clásica ha tenido dificultades para su implementación en la práctica profesional. Y continuará así, hasta que partamos de un conocimiento experiencial integral del ser humano como el Proceso en desarrollo que es y que comienza con aprender a ser congruente, lo cual consiste en tener la capacidad de experimentar fisiológicamente nuestros sentimientos y permitir que se simbolicen acertadamente (Rogers/Gendlin). Estar enterados de esos descubrimientos es sin duda un buen avance en la dirección correcta.


[8] La experienciación desde nuestro propio cuerpo nos conduce a verificar los siguientes enunciados de Gendlin: “Tu cuerpo físicamente sentido es de hecho, parte de un sistema gigante de aquí y otros lugares, ahora y otros tiempos, tú y otras personas que comprende, de hecho, todo el universo. Esta sensación de estar vivo dentro de un vasto sistema, es el cuerpo como es sentido desde dentro”: Focusing. Proceso y técnica del enfoque corporal. Ed. Mensajero, España, 1982, p.102 “…tu cuerpo es un increíble buen sistema dentro de la naturaleza y el cosmos diseñado para sostener la vida. Él tiene la sabiduría para tratar tus problemas. …sabe en qué dirección llevarte, él conoce la dirección de curación y de vida”: Ibid p. 101. “…Todo organismo viviente es una interacción corporal con una situación compleja y con el universo”, “… todos los cuerpos vivos crean e implican sus propios siguientes pasos; la creación de nuevos pasos es en lo que consiste vivir.”: Introduction to Thinking at the Edge, en Web: http://focusing.org/

[9] Ver el artículo de Aréchiga-Urtuzuástegui H. Conceptos actuales sobre Neuroinmunomodulación: Gac Med Méx, 135, No. 5, 1999. Pp. 489-499, con 138 citas bibliográficas que nos permiten reflexionar a profundidad sobre cómo trabajan organizadamente el sistema nervioso, el endocrino y el inmunológico como una unidad. Estos hallazgos nos conducen a expresar que la biografía de una persona, es decir, las experiencias que conforman su vida, se transforman en su propia y particular biología. La manera como se va desarrollando esta historia desde las instancias biológicas se esboza en mi artículo: “El estrés y su resolución organísmica”, Dol Clin Ter, Vol IV No. 5, marzo, 2006, pp. 15-20. Sitio Web: http://www.imbiomed.com/ / Algología.


[10] Para una profunda reflexión sobre el indispensable equilibrio ente las funciones mentales dirigidas hacia el necesario control para la sobrevivencia y las del Cuerpo Total orientadas a la salud y el autodesarrollo, ver la obra de E. M. McMahon: Beyond the Myth of Dominance. An Alternative to a Violent Society. Sed & Ward Pub. 1993, traducida al español por www.creeac.com.mx

[11] El tránsito personal hacia el cambio y la integración humanos no ha sido, desde hace centurias, un objetivo de la medicina moderna: “…El aspecto de autoridad del médico nunca ha encajado verdaderamente en el proceso humano de cambio personal en absoluto. …Los problemas humanos, por su misma naturaleza son tales, que cada uno está inmediatamente al cuidado de sí mismo”: E. T. Gendlin, Focusing. Proceso y Técnica del Enfoque Corporal. Ed. Mensajero. España. 1982, p. 30.


[12] Gendlin literalmente desentrañó el proceso del Enfoque en algunas personas que buscando ayuda psicológica, ni se limitaban a analizar sus problemas ni se sumergían en sus emociones, sino que se mantenían atentas y abiertas a las orientaciones que venían desde sus cuerpos. Ver “El acto interno”, en “Focusing…”, Op. Cit. pp. 25-65.

[13] Los pasos de la técnica del Enfoque nos ofrecen una vía probada de acceso al proceso humano de desarrollo. Ver “Los seis movimientos de la técnica del enfoque y lo que significan”, en “Focusing”, Op. Cit. Pp. 77-89.


[14] Para una semblanza de la importancia y trascendencia de los descubrimientos y contribuciones del Autor del Focusing, ver en sitio Web http://www.focusing.org/bibliography.html. la lista de los títulos de 242 de las aportaciones de E. T. Gendlin, tanto en lo científico como en lo filosófico y experiencial.

[15] En la Revista Dolor, Clínica y Terapia, los Números 8 y 9 del Vol. II del 2004, los números 6 y 7 del Vol. III del 2005 y el Vol. IV No 5 del 2006, hemos compartido la técnica del Enfoque y nuestras experiencias en el campo de la salud, el desarrollo, las adicciones, el estrés y de las adicciones. Sitio Web http://www.imbiomed.com/ Algología. En el Portal IntraMed expusimos someramente lo que el Enfoque puede hacer por nuestra integración psicosexual. Ver en la Web: http://www.intramed.net/actualidad/art_1.asp?idActualidad=40045&nomCat=Día%20a%20Día


[16] Algunas de mis más apreciadas experiencias con el Enfoque Bio-Espiritual han venido el acompañar y animar a personas que están muriendo, a atender cómo su cuerpo lleva esta experiencia. Esto me ha puesto en contacto con la dignidad y la serenidad con las que seres humanos como nosotros enfrentan los últimos días u horas de sus vidas, humanizando su acto de morir. “Asistir” (no a la muerte, sino) al muriente y acompañarlo mediante este nuevo paradigma es un rol privilegiado para cualquier ser humano, y el médico no puede ser la excepción. Ver: How Can We Risk Owning What Is Real In Our Bodies? En E. M. McMahon: Beyond the Myth of Dominance. Pp. 113-135.

[17] “Su obra,‘The next Development of Man’ (New American Library. New York, 1962), fue destinada a influenciar a muchos pensadores subsecuentes, incluyendo a Carl R. Rogers, y a través de él a Eugene T. Gendlin. El trabajo de Lancelot Law Whyte ha sido descrito como un profundo análisis de la clase de civilización que los seres humanos deben construir en el futuro para sobrevivir en este planeta”: E. M. McMahon, Beyond the Myth of Dominance. Pp. 55-72.

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