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jueves, 21 de agosto de 2008

El Proceso de Referencia

EL PROCESO DE REFERENCIA:
Cómo contactarse con los sentimientos en curso.

Akiko Doi & Akira Ikemi

“How to get in touch when feelings happens: The process of referencing”. Journal of Humanistic Psychology, Vol. 43 no. 4, 2003.

http://www.ahpweb.org/articles/getting_in_touch.html

Traducción: Luis Robles Campos (*).


Resumen.

En psicoterapia, el cliente constantemente chequea o intenta explicar sus sentimientos, lo que produce palabras diversas para éstos. El proceso de explicar los sentimientos también puede producir cambios en los mismos. A este "chequeo" se le llama "referirse a” los sentimientos. Referirse y explicar los sentimientos es esencial para involucrarse en el proceso de cambio. En este artículo, discutimos el proceso de referirse a los sentimientos en psicoterapia. Utilizando las teorías de Carl Rogers y Eugene Gendlin, proponemos un proceso de "referencia". Este proceso no sólo involucra al cliente refiriéndose a lo que está sintiendo, sino también a la “influencia mutua” del cliente y del terapeuta en la explicación. La exploración del proceso de referencia, eventualmente, contribuirá a la sofisticación de cómo el proceso de sentimientos ocurre en la interacción, lo cual es un tema central en la psicología humanista.

Palabras claves:
Proceso de sentimientos; "referirse" a los sentimientos; congruencia; interacción; proceso de "referencia".


Los "sentimientos" o "el proceso de sentimientos" son cruciales para la psicología humanista. En lugar del análisis intelectual, la psicología humanista confía en el proceso de sentimientos como una fuente de conocimiento acerca de la persona. El crecimiento personal y la auto-actualización, temas que caracterizan a esta corriente, son dirigidos también por el proceso de sentimientos. Abraham Maslow y Carl Rogers convinieron en que lo que es auto-actualizante o lo que promueve el crecimiento para una persona, debe ser sentido como positivo por ésta. Hay una certeza sentida para ciertas formas de vivir y de ser, aunque esta certeza sentida pueda involucrar dificultades y obstáculos. Las resoluciones en psicoterapia humanista están acompañadas por cambios sentidos relevantes, no sólo por interpretaciones intelectuales o modificaciones conductuales.

Los psicólogos humanistas, por sobre todo, confían en la persona como una fuente de conocimiento, en cómo ésta logra contactarse con y articular el proceso de sentimiento. Por ejemplo, los psicólogos humanistas no confían únicamente en mediciones de ciertas sustancias bio-químicas en la sangre para luego determinar si la persona tiene un alto o bajo nivel de ira. Aunque tales mediciones pueden ser de valor en la investigación humanista, el investigador humanista preguntaría también a la persona si siente la ira y cómo la siente. Cómo la persona siente será mejor descrito por la misma, más que por una medición externa.

En psicoterapia, los clientes se ponen en contacto con y describen sus propios procesos de sentimiento. En estas explicaciones, las palabras utilizadas para describir los sentimientos pueden ir cambiando. Más aún, los sentimientos articulados también pueden cambiar o llevarse adelante en el proceso de explicación. Por ejemplo, una persona puede decir: "Me siento frustrado… no en realidad, más bien estoy enojado… Parece tocar un lugar aquí que se siente herido". Por lo tanto, debido al acto mismo de chequear, el sentir produce palabras diferentes para expresar lo que se está sintiendo. Esta corrección del sentimiento es llamada "referencia" o “referirse al” sentimiento. Podemos notar aquí, que no sólo cambian las descripciones, sino que también el sentimiento mismo está cambiando en el proceso. Se siente distinto estar frustrado, enojado, o sentirse herido. Referirse y explicar el sentimiento es esencial para involucrarse en el proceso de cambio. Podemos decir, simplemente, que el cliente "se puso en contacto con el sentimiento de estar ‘herido’", pero más exactamente, la persona se está refiriendo a una sensación que ahora le llama “herido”. En el proceso que está iniciando el cliente, lo herido puede transformarse en otro sentimiento. El acto de referirse al sentimiento, por lo tanto, es esencial para entender como llega el cambio.

En este artículo, discutimos el proceso de referirse al sentimiento en psicoterapia. A través de un cuidadoso examen de las teorías de Carl Rogers y Eugene Gendlin, el artículo propone un proceso de referencia. El proceso de referencia es más complejo que la mera referencia del cliente a sus sentimientos, tomando en cuenta que este proceso es conceptualizado como un fenómeno que ocurre entre el terapeuta y cliente. Esperamos que la discusión del proceso de referencia sea refinada y llevada hacia la significancia de los conceptos centrados-en-el-cliente y experienciales, tomando en cuenta como éstos son usados en la práctica de la psicoterapia, y que también ilumine el proceso de sentimiento que es central en la psicología humanista.


LA REFERENCIA Y LAS OBSERVACIONES DE CARL ROGERS.

"Referencia" es un término que se ocupa a menudo en lingüística para describir a qué se refieren las palabras. La palabra "computadora", por ejemplo, se refiere a esta máquina que estoy utilizando ahora para escribir este manuscrito. Gendlin (1964) empleó la palabra “referente” (“referente directo”) para expresar un sentimiento particular pero aún incierto, al cual el cliente se va refiriendo en la entrevista terapéutica. Mas tarde, acuño el concepto "sensación sentida" para señalar el referente directo. Técnicamente, las expresiones “referente directo” y “sensación sentida” pueden usarse intercambiadamente. Las dos involucran sentimientos que aún no están claramente formulados. Por ejemplo, una cliente puede decir:

"Bueno, tengo este sentimiento pesado...., no, pesado no es la palabra correcta en realidad... es como algo apretado".


En esta oración, las palabras del cliente están explicando un cierto referente directo o sensación sentida, expresado por las palabras "sentimiento pesado”, "no, pesado no es la palabra correcta en realidad", "es como algo apretado". Estas palabras parecen no encajar exactamente con el referente directo. Durante la pausa, la cliente esta chequeando sus palabras contra su referente directo. Este chequeo es esencial para que este tipo de oración pueda declararse, porque sin él, el cliente no sabrá que "pesado no es la palabra correcta en realidad" para describir el referente directo que ella está tratando de articular. La expresión "referir" o "referirse" se usa para señalar este chequeo. El proceso de referencia, como discutimos más adelante, explica la naturaleza interaccional compleja de lo que se expresa.

Aunque fue Eugene Gendlin quien empleó palabras tales como "referir" “referencia" y "referente" en el campo de psicoterapia, podemos ver claramente que el fenómeno de la referencia fue observado por otros terapeutas, antes que Gendlin empezará a usar estas palabras. Particularmente, Carl Rogers observó y describió a sus clientes refiriéndose a sus sentimientos durante la entrevista terapéutica. Citamos aquí a Rogers, desde su libro Terapia Centrada en el Cliente (1951), el cual fue publicado antes que Eugene Gendlin empezara a trabajar con Rogers. (Gendlin [2002] señala que empezó a trabajar con Carl Rogers en 1952):

"Mientras ella lucha por hallar sus verdaderos sentimientos acerca de su padre, aquellos que captan su experiencia sensorial; ella utiliza la entrevista tentativamente". (Rogers, 1951).


En esta observación, podemos ver que Rogers no toma las palabras de la cliente como definitivas; mientras la cliente se refería a sus sentimientos (acera de su padre) y explicaba el referente directo, va probando diferentes palabras para expresar el referente. Viendo como la cliente "utiliza la sensación tentativamente", Rogers permaneció con la cliente durante el proceso de referir y explicar.

También podemos suponer que debido a que Rogers reflejó los pensamientos y sentimientos de la cliente, sin interpretarlos, el proceso de referirse al referente directo fue facilitado. Las respuestas de Rogers sirvieron como un espejo que reflejó adecuadamente lo expresado por la cliente. Entonces, la cliente chequeó estas respuestas para ver si ellas explicaban adecuadamente sus pensamientos y sentimientos. Como resultado, Rogers (1951) citó a varios clientes destacando que estas respuestas-reflejo por parte del terapeuta ayudaba a los clientes a entenderse mejor a si mismos.

“Mi psicólogo tomó mis opiniones y pensamientos y lo hizo de tal manera que yo pudiera entender lo que estaba pasando. No me opino sobre ello, sino que me las mostró para que yo pudiera hacer mis propias conclusiones“. (p.70)

“Nunca estuve consciente que él estaba reflejando ni reafirmando las cosas....pero las clarificó para mi, me contactó conmigo mismo”. (p.37)


Se puede observar aquí que reflejar las expresiones del cliente refuerza el proceso de referir y explicar. Rogers hizo estas observaciones en la práctica, pero en teoría, interpretó sus observaciones en un contexto ligeramente diferente, el de la empatía, la aceptación y la congruencia. En la teoría, él no enfatizó la técnica de reflejar, sino que la actitud de "aceptar a la cliente, tal cual es", y el intentar entender el “marco interno de referencia” del cliente.

Este énfasis en las actitudes del terapeuta es comprensible y destacable, dado el contexto socio-histórico del trabajo de Rogers. Él revolucionó el campo de la psicoterapia al demostrar que cada persona tenía implícitamente una auto-dirección y que utilizar esas comprensiones implícitas en la terapia era mucho más valioso que los diagnósticos y las interpretaciones terapéuticas impuestas al cliente por el terapeuta. Destacó a la persona como fuente de conocimiento y facilitó un encuentro genuino entre personas, más allá de roles, razas, credos, estructuras políticas y máscaras (Estas actitudes son muy necesarias en la situación política actual). Tempranamente en 1952, Rogers enfatizó las actitudes del terapeuta en la psicoterapia, ya que “las posturas anteriores sobre-enfatizaban la técnica" (p.19). Él escribió: "Nuestra preocupación ha cambiado de la técnica a la actitud y filosofía del terapeuta"(p.14).

Al enfatizar las actitudes, sin embargo, Rogers no elaboró específicamente el proceso de referirse al referente directo. Por ejemplo, en sus comentarios acerca de las dos citas previas de sus clientes, Rogers afirmó que fue la actitud aceptante del terapeuta lo que había producido los cambios en los clientes. Es verdad que la aceptación del terapeuta y el interés de éste hacia el marco interno de referencia del cliente fueron esenciales en la entrevista; sin embargo, estas actitudes no explican específicamente por qué los reflejos del terapeuta "me contactarían conmigo mismo".

El proceso de referirse a un referente directo y los cambios resultantes que ocurren en el cliente fueron explicados más tarde por la Teoría del Experiencing de Eugene Gendlin (1964).


EL EXPERIENCING Y LOS CONCEPTOS DE CARL ROGERS.

Al parecer, Rogers mantuvo un fuerte interés en el concepto de experiencing elaborado por Gendlin. Sin embargo, para nosotros, parece que Rogers tenía que hacer esfuerzos en reconciliar o integrar el proceso de experiencing dentro de sus propios conceptos acerca de las actitudes de empatía, aceptación y congruencia del terapeuta. En el capítulo "La Concepción de la Psicoterapia Como Proceso", Rogers (1961) se basó en el proceso de experiencing, por lo tanto, describió el proceso del cliente de referirse al referente directo. Sin embargo, como Rogers reconoció, este capítulo "se basó extensamente en Eugene Gendlin", citando a Gendlin en varias partes del texto. En un capítulo publicado originalmente en 1975 (Rogers, 1980), Rogers finalmente incluyó el concepto de experiencing Gendlin y escribió:

“He utilizado el concepto de experiencing que formuló Gendlin (1962)... la perspectiva de Gendlin con la que estoy de acuerdo, es que el cliente chequea sus sentimientos contra su flujo psicofisiológico dentro de él para ver si se ajustan. Este flujo es una cosa real y la gente es capaz de usarlo como un referente. En este caso "ira" no encaja del todo con el significativo sentido, "descontento" se le acerca más” (p. 141, 142).


Aquí, Rogers emplea explícitamente la palabra "referente" para luego explicar una trascripción de una sesión con un caso (Señora Oak) que ilustra la teoría experiencial de Gendlin.

Sin embargo, en el mismo capítulo, podemos encontrar las perspectivas clásicas de Rogers acera de la referencia, expresado como "simbolizado en la conciencia”: "Me parece, que sólo cuando un monto de experiencia es plenamente aceptado y adecuadamente simbolizado en la conciencia, éste puede completarse... Es este clima empático y sensible lo que ayuda a que más experiencing llegue a su conclusión, que en este caso es el despliegue del experiencing” (p.158).

Estas citas demuestran las perspectivas clásicas de Carl Rogers. Él enfatizo que la aceptación y la empatía son precondicciones que hacen posible la referencia. Rogers incorporó el fenómeno de la referencia y el experiencing pero mantuvo la perspectiva de que la actitud de aceptación y la empatía del terapeuta hacen, o facilitan, el proceso experiencial.


REFERENCIA Y CONGRUENCIA.

La congruencia, sin embargo, es un importante concepto articulado por Rogers (1951), que tiene mucho que ver con el proceso de referirse al referente directo. Podemos entender que la "congruencia" (descrita como el grado de acuerdo con el experiencing) ocurre cuando el nivel sensorial y visceral de la persona es simbolizado de manera exacta en la experiencia. Entonces, podemos decir, en contraste con la elaboración previa, que Rogers sí se dirigió al tema del cliente refiriéndose y explicando el referente directo. Aun que esto fue escrito antes de que desarrollará el concepto de congruencia, Rogers señaló en 1951: "La experiencia de descubrir dentro de uno mismo actitudes y sentimientos actuales que se han experimentado visceral y fisiológicamente, pero que nunca se han reconocido en la consciencia, constituye uno de las fenómenos más profundos y significativos de la terapia" (p 76).

La congruencia, junto con la empatía y la aceptación, proveen el concepto clave para describir el proceso de referencia en psicoterapia. La empatía y la aceptación entregan un ambiente seguro en la relación, que permitió, en el caso anterior, que la clienta pudiera referirse a y explicar su referente directo, lo que genero la recuperación gradual del estado de congruencia en la clienta. Sin embargo, hay varios problemas que aun permanecen y que se necesitan aclararse.

Primero, debemos aclarar que Rogers no equiparó la congruencia con el proceso de referirse al referente directo. Para él, la congruencia significaba el grado de acuerdo entre el concepto de sí mismo y el constante flujo experiencial. Su formulación nos recuerda el modelo psicoanalítico. Donde sólo las experiencias que corresponden al concepto de sí mismo son admitidas en la consciencia, mientras otras se reprimen fuera de ella o se perciben de una forma distorsionada.

También necesitamos recordar el hecho de que Rogers (1957) asumió que el terapeuta era congruente en su relación con el cliente, mientras el cliente estaba en un estado incongruente. Muchos terapeutas centrados-en-el-cliente luego entendieron que el terapeuta debía ser congruente en la terapia, porque esto era una condición necesaria y suficiente de la terapia. Por otra parte, en teoría, el cliente debía encontrarse incongruente en la sesión terapéutica. Gradualmente durante la terapia, el cliente llegaría a ser congruente, en este punto la terapia dejaría de ser necesaria.

Como terapeutas, debemos aceptar que no podemos ser congruentes durante toda la sesión de terapia. Hasta se podría decir que la incongruencia del terapeuta contiene una riqueza que realmente hace que la relación terapéutica funcione.

A partir de estas observaciones, se puede decir que el concepto de Rogers de congruencia se acerca a explicar el proceso de referencia. Sin embargo, debido a ciertas limitaciones teóricas, antes mencionadas, el concepto de congruencia necesita desarrollarse más profundamente.


EL PROCESO DE REFERENCIA.

Influencia mutua.

Ahora, permítanos considerar el proceso del cliente de referirse a la sensación sentida o referente directo. Para hacerlo, empleamos un nuevo paradigma de pensamiento llamado "Un Modelo Procesal" (Gendlin, 1998). En este modo de pensamiento, asumimos la interacción como algo fundamental. Como Hendricks (2002) explicó, estamos acostumbrados a ver las cosas como si fueran entidades separadas. Por ejemplo, normalmente pensamos en los pulmones como separados del aire. Sin embargo, podemos ver las cosas de un modo diferente cuando tomamos en cuenta la interacción, es decir el proceso de respiración, primero. Los pulmones y el aire son partes del proceso de respirar. Sin este proceso los pulmones morirían. Cambios en el aire (como se ve en personas que viven en elevadas altitudes) también afectan el funcionamiento de los pulmones. La interacción (en este caso, el proceso de respirar) es lo que determina que los pulmones serán y harán. La respiración es un proceso particular de interacción que involucra los pulmones, el aire y mucho, mucho más.

Por la manera en como se describe la congruencia, podemos ver que se utiliza el modo de pensar no-interaccional usual. El terapeuta y el cliente son vistos como entidades separadas, que están en contacto el uno con el otro. El primero es congruente mientras el último es incongruente. Veamos ahora la relación desde el modelo procesal, empleando el pensamiento de Gendlin, como se expresa en lo siguiente:

“Comúnmente se dice que cada una de nuestras relaciones "saca" rasgos distintos dentro de nosotros, como si todos los rasgos posibles estuvieran ya en nosotros esperando para que los "saquemos". Pero, en la realidad, tú me afectas, y conmigo no eres simplemente tú, como usualmente eres. Tú y yo ocurriendo juntos nos hace inmediatamente diferentes de lo que usualmente somos. Del mismo modo en que mi pie no puede ejercer la típica presión cerrada estando en el agua. Nosotros ocurrimos diferentemente cuando somos el ambiente de cada otro. Cómo tu eres cuando me afectas a mi, ya está afectado por mi, y no por mi como usualmente soy, sino por mi mientras ocurro contigo”. (Gendlin, 1998, p30).


La sola presencia del terapeuta ya afecta al cliente, mientras la presencia del cliente afecta al terapeuta. Los dos llegan, a través de la interacción, a “afectarse mutuamente”. En una parte de esta interacción, el cliente se refiere a su sensación sentida y explica desde ella. Llegar a ser congruente es un aspecto de la influencia mutua.


La congruencia reconsiderada.

Hendricks (2002) definió la congruencia de una nueva manera. En lugar de la perspectiva de Rogers, de que ésta es un acuerdo entre la experiencia y el concepto de si mismo, ella la definió de la siguiente manera:

“Podríamos decir que nuestra definición es lo contrario de "acuerdo”. Es más bien cuando se produce un cambio, es que somos congruentes. Digamos que la congruencia es la experiencia maravillosa nueva experiencia que viene desde mi interior. La congruencia es cuando nuestras palabras emergen desde nuestra sensación sentida y la llevan adelante” (p 59).


Esta explicación experiencial de la congruencia es increíblemente parecida, o casi idéntica a la manera en que vemos la congruencia, aunque hay una ligera diferencia en el énfasis. Nosotros acentuamos el proceso de referirse a la sensación sentida, porque este acto es necesario para que "las palabras emerjan de nuestra sensación sentida y la lleven adelante". Además, aunque esto sea demasiado técnico, no diríamos que "la congruencia es cuando", ya que esto haría parecer que la congruencia es un estado que se alcanza cuando se logran dos condiciones (es decir; uno; cuando las palabras emergen desde la sensación sentida; dos; cuando estas palabras lleven adelante la sensación sentida). Diríamos, en cambio, que el proceso de llegar a ser congruente es el referirse a la sensación sentida y permitir que las palabras aparezcan desde allí. A veces las palabras que aparecen llevan adelante la sensación sentida, y a veces no. Sin embargo, el acto continuo de referirse y explicar la sensación sentida es el proceso de hacerse congruente.

Interesantemente, una definición idéntica fue propuesta por Gendlin en 1964 para explicar el Focusing. Él escribió, "El Focusing es el proceso completo que ocurre cuando el individuo atiende a la referencia directa del experiencing" (p.115). La explicación de Hendricks y nuestra explicación serían como decir que el Focusing es el proceso de hacerse congruente.


El volverse congruente y la referencia.

Para refinar más la articulación del proceso de referirse a la sensación sentida, necesitamos integrar el papel del terapeuta dentro del proceso. En otra presentación, el segundo autor (Ikemi, 2000) propuso que la sensación sentida debería considerarse como un verbo en lugar de un sustantivo. La sensación sentida es existir, un vivir en una situación. La sensación sentida es un vivir corporal de las situaciones, incluyendo la situación inmediata. La interacción en una situación inmediata permite formar una sensación sentida. En muchas interacciones cotidianas, no permitimos que la sensación sentida emerja, ni dejamos que se forme una. Si dijeras, por ejemplo, "Siento mucha presión" y yo dijera "Sí, yo también, vamos por unas cervezas". Probablemente nos sentaríamos en un bar y hablaríamos sin permitir que la sensación sentida aparezca dentro de nosotros. Pero qué pasaría si yo dijera "¿Cómo se siente esa presión dentro de ti?”. Luego, probablemente te referirías a tu presión y tratarías de hablar desde allí. La emergencia o no emergencia de una sensación sentida ya es algo interaccional.

Entonces, para tener una sensación sentida, la interacción con el otro necesita ser tal que permita su aparición. Podemos decir que tales interacciones se caracterizan por la empatía (Rogers), la aceptación (Rogers) o por la reconstitución (Gendlin).

El proceso del cliente refiriéndose a la sensación sentida necesita del terapeuta en la interacción para atender la emergencia de la sensación sentida en el cliente. Aquí hay algunas características de está relación:

1. El terapeuta atiende la sensación sentida del cliente.

2. El cliente se refiere a su sensación sentida y se expresa.

3. El terapeuta refleja las expresiones del cliente para que el éste pueda chequear las explicaciones con su sensación sentida, y expresarse más profundamente.

4. El terapeuta toma las expresiones del cliente y atiende su propia sensación sentida.

5. El terapeuta quizás expresará su propia sensación sentida.


Aquí citamos todas las características interactivas del proceso de referencia. En este proceso, el terapeuta y el cliente no existen como entidades separadas. Hacerse congruente es algo que ocurre conjuntamente entre el terapeuta y el cliente, donde ambos atienden y explican desde la sensación sentida.


Ilustración de un caso.

Veremos una ilustración básica de un caso presentado más adelante (Doi 2001). La llamamos "básica” porque este tipo de interacción, aunque no sea dramática, se observa frecuentemente en terapia. En ella, mostramos que el cliente y el terapeuta no son entidades separadas en las cuales el primero es incongruente y el segundo es congruente. El acto de referirse al referente directo por parte del terapeuta se produce en el proceso del cliente, cuando éste comienza su proceso de referirse al referente directo y a hablar desde él. Aquí ocurre un proceso mutuo de referencia.

El cliente era un hombre de unos veinticinco años y recién acababa de empezar su trabajo en la sección de investigación de una compañía grande. Su problema era que sentía que su empleo actual como ingeniero no era cómodo para él. Cuando el terapeuta lo conoció, había pedido permiso para ausentarse de su oficina, debido a su insomnio, depresión y ansiedad, y estaba con ganas de cambiar a otro empleo que le quedara mejor.

Durante las primeras cinco sesiones, el cliente insistía repetidamente que su empleo actual no era el indicado para él porque no tenía las capacidades que demandaba su trabajo de ingeniería. El cliente hablaba mucho, sin embargo, parecía no contactarse con su interior, ni parecía referirse a su referente directo. El terapeuta le pidió al cliente que sintiera en su interior en busca de su sensación sentida de la situación, y también reflejó los sentimientos que expresó el cliente. Sin embrago, el cliente siguió repitiendo que no tenía “ninguna capacidad". Él estaba dando vueltas en círculos. Cuando el terapeuta le preguntó como se sintió acerca de todo esto, él contestó: "Es difícil explicarlo", no pudiendo llagar más allá. La terapia parecía estar bloqueada.

En la relación con este cliente, el terapeuta no era capaz de entender la molestia que tenia su cliente, incluso después de cinco sesiones. El terapeuta había tratado de hallar lo que le molestaba tanto, hasta el punto que estaba pensando en dejar su trabajo. En otras palabras, el terapeuta se sentía incongruente, lo que provocó que se sintiera incómodo.

Durante la sexta sesión, el cliente remarcó nuevamente que no quería volver a la misma oficina porque le haría recordar las malas sensaciones y el mal ambiente.

T (Terapeuta): ¿Qué cosa de la atmósfera de allí te hizo sentir mal? (largo silencio).
C (Cliente): Es difícil explicarlo......Quizás yo no tenga las capacidades indicadas o el empleo no es indicado para mí.
Ésta fue la respuesta que se había repetido muchas veces. El terapeuta todavía no entendía.
T: Dijiste que recordabas que había una atmósfera desagradable. ¿Que tipo de atmósfera era?
C: Un ambiente malo....quizás otras personas no lo encuentren tan malo.
T: (Persistente) ¿Pero fue malo para ti, no? ¿Me puedes ayudar a entender que aspecto del ambiente te hizo sentir tan mal? (Silencio otra vez). ¿Era demasiado tranquilo?
C: No, no fue así.
T: ¿Las otras personas estaban demasiadas ocupadas con su trabajo?
C: Absortas en el trabajo....Bueno, no era fácil para mí hacer preguntas tontas.


Aquí había una perspectiva totalmente nueva del problema. No era que él no tuviera las capacidades. Se sintió estúpido haciendo preguntas y no quiso molestar a los demás con sus preguntas tontas. A pesar de esto, sin embargo, la compañía le dio trabajos investigativos difíciles y se sintió sobrecargado y aislado. El terapeuta al fin entendió lo que fue tan difícil para él acerca de su empleo.

Después de la sexta sesión, el curso de la terapia cambió. En lugar del proceso trabado de las primeras cinco sesiones en las cuales el cliente no llegaba a su interior, éste empezó gradualmente a expresar sus sentimientos, y el tema fue cambiando desde su persistente idea de "no tener capacidades" hacia "como comunicarse con los demás".

En este caso básico, nos gustaría mostrar que fue la incomodidad del terapeuta por no entender; en otras palabras, el referente directo del terapeuta, lo que fue expresado en primer lugar. Más exactamente, permítanos trazar la interacción según las cinco características citadas anteriormente.

1. El terapeuta atiende la sensación sentida del cliente - La sensación sentida del cliente no es expresada.

2. El cliente se refiere a su sensación sentida y explica - El cliente no se refiere a su sensación sentida.

3. El terapeuta refleja las expresiones del cliente para que el cliente pueda chequear las explicaciones con su sensación sentida, y explicar más profundamente – El reflejo no funciona en la explicación porque la sensación sentida no está formada.

4. El terapeuta toma las explicaciones del cliente y atiende su propia sensación sentida - El terapeuta se siente incómodo porque allí hay algo que no está entendiendo.

5. El terapeuta puede explicar su propia sensación sentida.- El terapeuta expresa persistentemente que no está entendiendo y da ejemplos de su propia sensación sentida acerca de la situación (por ejemplo: "¿Fue demasiado tranquilo?")


Desde este punto, el cliente empezó a hablar gradualmente acerca de la situación tal como él la sentía. Su evaluación intelectual de que él no tenía capacidades disminuyó. Progresivamente comenzó a señalar lo tenso que se sentía cuando tenía que hacer preguntas y sobre como se sentía "atrapado" por los ataques de su jefe. Él se estaba conectando con sus sentimientos, refiriéndose a ellos y explicando desde allí. El terapeuta continúo permaneciendo con su proceso en las características interaccionales 1 a la 5 citadas previamente.

No se trata de que el cliente se quitara la "máscara" (Rogers 1961) y admitiera sus miedos de hacer preguntas triviales después que percibiera la empatía y la aceptación del terapeuta. Este proceso puede ser mejor comprendido a través del proceso mutuo de referencia.


EL PROCESO DE REFERENCIA Y LA PSICOLOGÍA HUMANISTA.

Este artículo da luz a varias implicaciones que yacen en el corazón de la psicología humanista. Primero, subrayamos la importancia del proceso de referencia, más que a los contenidos o los sentimientos particulares que están siendo referidos. No podemos decir que si uno habla del crecimiento personal entonces estamos en territorio humanista, aún cuando si uno habla del complejo de Edipo entonces efectivamente estamos en el territorio psicoanalítico. Las distinciones basadas en el contenido son erradas, porque el contenido hablado va cambiando en la explicación. Lo que fue concebido como una dirección de crecimiento podría ser una fijación regresiva. A la inversa, el ocuparse del complejo de Edipo puede promocionar el crecimiento, develando muchos significados personales, temas existenciales y auto-actualizadores. En lugar de contenidos, podemos decir que es el proceso de referencia lo que caracteriza las aproximaciones humanistas.

Los psicólogos humanistas pueden llegar a ser no-humanistas si imponen conceptos humanistas sobre las experiencias del cliente. Las siguientes declaraciones del terapeuta no muestran ninguna diferencia:

1. "Pues, veo que tu problema proviene de un tema de crecimiento, sabes, hay una parte de ti que no crece o no se auto-actualiza"

2. "Pues, veo que tu problema proviene de una posición dependiente-oral, sabes, hay una parte de ti que sigue necesitando a tu madre"


Estas dos interpretaciones son conceptos impuestos sobre la experiencia del cliente. (Para ver una discusión más detallada sobre este tema, vea la crítica de Gendlin a Medrad Boss; 1977). En lugar de contenidos, los psicólogos humanistas se ocuparían del proceso con el cual los contenidos surgen desde la experiencia.

El proceso en el cual los contenidos surgen desde la experiencia es el proceso de referirse al referente directo (sensación sentida). Sin embargo, tal cual se ha presentado en este artículo, se puede decir que este proceso no es realmente el proceso del cliente, exclusivamente. Referirse al referente directo es ya una interacción. La interacción no ocurre sólo dentro de uno mismo, sino que también entre la persona y el otro, el terapeuta. Más aún, la interacción también involucra las interacciones internas del terapeuta. Hay una compleja matriz de interacciones alrededor de la sensación sentida que el cliente y el terapeuta están tratando de articular. Nosotros llamamos a esta interacción mutua proceso de referencia.

Los terapeutas no pueden esperar que sus clientes se pongan en contacto con sus sentimientos y hablen desde ellos, sin atender sus propios sentimientos. La auto-revelación, las respuestas genuinas y el compartir por parte del terapeuta son solo la punta del iceberg. Debajo de estas respuestas evidentes está el atender continuo a los sentimientos del cliente así como a los propios sentimientos. Bajo esto, hay un respeto por cualquier contenido que emerja desde las experiencias del cliente y del terapeuta. A través de este proceso de referencia, las personas emergen renovadamente, y tanto el cliente como el terapeuta se hacen congruentes o genuinos.

Interesantemente, dos libros recientes de Focusing, escritos en japonés (Ito & Asega, 2001; Kira, 2002) tratan acerca del Focusing para los terapeutas. Ambos libros muestran cuan profundamente las relaciones con los clientes son afectadas cuando el terapeuta atiende su sensación sentida acerca del cliente. Más aún, en Estados Unidos y Japón, está creciendo el interés en el "Focusing interactivo" (Klein, 2001). El Focusing, en particular, y la psicología humanista, en general, se beneficiarían si se pensara en los conceptos de la terapia desde una perspectiva de que enfatice "la interacción primero”.


REFERENCIAS.
Doi, A. (2001). “Imano Shigoto ga jibun ni awanai” to uttae te raidan shito s’s sai dansei tono mensetsu katei [A case with a 25 year old male: “The job is not right for me”]. Shinn Soudan Kenlaju, 2, 47 55. Graduate School of Arts and Sciences, Kobe College, Kobe, Japan.
Gendlin, E. T. (1962). Experiencing and the creation of meaning: A philosophical and psychological approach to the subjective. Glencoe, NY: Free Press of Glencoe.
Gendlin, E. T. (1964). A theory of personality change. In P. Worchel & D. Bynne (Eds.), Personality change (pp. 100 148). New York: Wiley.
Gendlin, E. T. (1977). Phenomenological concept versus phenomenological method: A critique of Medard Boss on dreams. Soundings, 60, 285 300.
Gendlin, E. T. (1998). A process model. Unpublished manuscript, available at www.focusing.org./process.html
Gendlin, E. T. (2002). Foreword. In C. R. Rogers & D. E. Russel, Carl Rogers: The quiet revolutionary. Roseville, CA: Penmarin Books.
Hendricks, M. N. (2002). What difference does philosophy make? Crossing Gendlin and Rogers. In J. Watson & M. Warner (Eds.), Client centered and experiential psychotherapy in the twenty first century (pp. 52 63). Ross No Wye, UK: PCCS Books.
Ikemi, A. (Speaker). (2000). Presence, existence and space: Key concepts in focusing oriented psychotherapy [Video]. Lery, Quebec City, Canada: Nada Lou Productions.
Ito, K., & Asega, K. (Eds.). (2001). Focusing for therapists (in Japanese). Gendai no Esprit, 410. Tokyo: Shibundo.
Kira, Y. (2002). Shutaikannkaku to Sono Fukatu ka: Taikenkatei ryoho Karano Shuppatsu to Tenkai [Sense of autonomy and its activation: A development of experiential psychotherapy]. Fukuoka, Japan: Kyushu University Press.
Klein, J. (2001). Interactive focusing therapy: Healing relationships. Chicago: Center for Interactive Focusing.
Rogers, C. R. (1951). Client centered therapy. Boston: Houghton Mifflin.
Rogers, C. R. (1957). The necessary and sufficient conditions of therapeuticpersonality change. Journal of Consulting Psychology, 21, 95 103.
Rogers, C. R. (1961). On becoming a person: A therapist’s view of psycho therapy. Boston: Houghton Mifflin. Rogers, C. R. (1980). A way of being. Boston: Houghton Mifflin.



AKIKO DOI, MA, es estudiante doctoral en el programa de psicología clínica del Kobe College. Antes de entrar en la carrera de postgrado de psicología, ella trabajó como interprete, después de terminar su carrera universitaria en literatura americana y lingüística. Sus intereses incluyen el proceso de explicar simbolizaciones verbales.

AKIRA IKEMI, Phd, es psicólogo clínico y profesor de psicología psicoterapéutica en Kobe College. Él ha trabajado como psicólogo clínico en departamentos de psiquiatría y medicina psicosomática. Actualmente trabaja en centros médicos corporativos desde una perspectiva orientada al "Focusing", la cual estudió con Eugene Gendlin en la Universidad de Chicago. Es coordinador certificado del Focusing Institute y director ejecutivo de la Asociación Japonesa de Focusing.


Traducción: Luis Robles Campos (2008).
Psicólogo, Universidad de Tarapacá, Arica – Chile.
Fousing Trainer acreditado, Focusing Institute, New York.
luisrobles1977@gmail.com

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