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sábado, 3 de febrero de 2007

Sensaciones Sentidas Periféricas (reformulado)




SENSACIONES SENTIDAS PERIFÉRICAS
Ampliando la noción de las sensaciones con sentido
.
Por Luis Robles Campos. (*)
Enero 2007.

Reformulación del escrito “Sensaciones Sentidas Periféricas: Propuestas para integrarlas en el proceso psicoterapéutico” (Robles, 2005, trabajo no publicado).



SENSACIONES SENTIDAS.

La visión clásica.


En la literatura clásica acerca del Focusing (Gendlin, 1969, 1980, 1981, 1996) se enseña que la sensación sentida siempre se presenta hacia el centro del cuerpo; esto es: garganta, pecho o abdomen, y que es desde allí donde “surgen” los nuevos significados que permiten al focalizador llevar su experiencia adelante. Al mismo tiempo que se señala esto, se menciona que en la práctica de la psicoterapia es posible encontrar personas que experimentan sensaciones corporales periféricas, o sea, que no se presentan en el área del tronco, como cabeza, brazos, manos, piernas, etc., pero que éstas no constituirían una sensación sentida ya que, supuestamente, carecen de significados implícitos. Así, encontramos algunas citas de Gendlin muy claras al respecto, como por ejemplo:

“En focusing, se atiende interiormente a la sensación del cuerpo… Uno no explora simplemente el cuerpo, encontrando tensión, digamos, en los hombros, o alguna rara sensación en el pecho. No estamos hablando de sensaciones que parecen meramente corporales... Tu sensación… estará en algún lugar del centro de tu cuerpo, en el área comprendida entre tu garganta y tu estómago” (Gendlin 1980; en Alemany, 1997, p. 215).


En base a esta con concepción, cuando una persona experimenta una sensación corporal periférica durante el desarrollo de un Focusing, por lo general, se le invita a advertir si en medio de su cuerpo (garganta, pecho o abdomen) hay una sensación sentida que pudiera dar alguna luz sobre la situación que está tratando, o acerca de lo que esta sensación corporal periférica pudiera implicar o significar (Gendlin, 1981; Weiser Cornell, 2001). Algunas sugerencias para lograr esto serían:

“¿Puedes ver si en medio de tu cuerpo hay algo que te diga qué hay en esa tensión que tienes en las piernas?”.

“¿Hay en tu pecho alguna sensación que tenga que ver con ese peso que sientes en los hombros?”


En muchos casos resulta que sí es posible hallar en el área del tronco una sensación sentida que acompaña y da significado a las sensaciones periféricas, y en tales casos el tipo de sugerencia que se cita arriba es de bastante ayuda. Pero también ocurre que a veces las sensaciones corporales periféricas se presentan de forma intensa de modo que la atención del cliente se desplaza hacia ellas aunque haya también una sensación sentida en medio del cuerpo; o bien lo hacen sin estar acompañadas de una sensación de esta naturaleza, de tal forma que hacer el tipo de sugerencias que se citó anteriormente puede constituir un desaprovechamiento del paso necesario para continuar con el Focusing, o incluso, puede convertirse en una intervención contraproducente, ya que el focalizador puede sentirse poco escuchado o no del todo aceptado.


Las nuevas posturas.

Por otro lado, en la literatura más vanguardista acerca de enfoque experiencial, diversos autores se han referido a distintas manifestaciones del cuerpo, tales como síntomas de enfermedades (Byer, 1999, Grindler, 2006), dolor físico crónico (Mieller & Feuerstein, 1999) dolor debido a daño físico severo (Stevenson, 1998), pequeñas molestias físicas como eccemas o picaduras de insectos (McGavin, 1997, 1999) o incluso síntomas de refrío (Weiser Cornell, 2001; Nayowith, 1999), como expresiones con sentido y significación. Por lo tanto, se hace necesario reexaminar las concepciones que tenemos acerca del cuerpo, su capacidad de significado y expresión.

Por este motivo, en el presente artículo se examinarán brevemente algunas reflexiones acerca de cómo entender la aparición de sensaciones corporales periféricas, que se constituyen en objeto de atención del cliente, y que eventualmente serían expresiones de significado. Sin embargo, por un asunto de brevedad y especificidad, no nos centraremos en aquellas sensaciones que se relacionan con síntomas físicos de enfermedades u otras como las que se nombraron en el párrafo precedente; sino que sólo en aquellas sensaciones corporales que no se presentan al centro del cuerpo y que se manifiestan espontáneamente en el desarrollo del Focusing, y que denominaré “sensaciones sentidas periféricas”.

Para lograr el objetivo anterior, se revisarán concisamente algunas ideas de la filosofía de Gendlin, al mismo tiempo que se intentará hacer una modesta relectura de ellas.


EXISTENCIA, CORPORALIDAD Y EXPRESIÓN DE SIGNIFICADO.

Corporalmente sentida.

El cuerpo y su propiedad significante son elementos esenciales en el pensamiento filosófico y en el enfoque psicoterapéutico de Eugene Gendlin (1962, 1964, 1973, 1981, 1996, 1998). En su Teoría del Experiencing, Gendlin describe la creación de significado como un proceso incesante entre el experienciar corporal y los conceptos, señalando que tal proceso de significación sería la base de las dimensiones lógicas y operacionales del conocimiento, y que se presentaría a la conciencia de forma directa a través de una sensación interiormente sentida, o sea, de manera mayormente implícita.

En base a estos planteamientos, su apreciación acerca de cómo se tiene acceso a la propia experiencia, es precisa:

“La experiencia de la existencia y el acceso a ella es la vida del cuerpo, sentido en su interioridad [1], ‘la sensación de ser un cuerpo que vive en este instante’” (Gendlin, 1973; en Alemany, 1997, p. 151)


Gendlin (1973) se adelanta a distinguir que este planteamiento no constituye un “reduccionismo fisiológico”, ya que no describe el cuerpo sólo en relación a su componente físico, si no a como se vive éste subjetivamente, “como se siente el cuerpo desde su interioridad”. Sin embargo, más recientemente, su propuesta ha sido catalogada de “reduccionismo fenomenológico”, ya que la creación de significado y la expresividad del self estarían relegados específicamente al proceso de experiencing y a la capacidad de sentir el cuerpo interiormente (Prouty, 1999). Esta especie de reduccionismo fenomenológico, se visualiza más claramente, cuando se refiere a la sensación sentida como único objeto de atención para adentrarse en la búsqueda de significado, (Gendlin, 1962, 1964, 1973, 1980, 1981, 1996); como claramente se aprecia en la cita del autor presentada al inicio de este escrito.


En-Interacción.

Al mismo tiempo que Gendlin plantea que la corporalidad tiene un lugar central en la experiencia, menciona que la interacción es totalmente constituyente de toda experiencia, y que en cierto sentido, el entorno que forma parte de la interacción resulta inseparable del experienciar (1973, 1989, 1998).

“El hombre, tal como escribieron los existencialistas, es un ser-en-el-mundo. Los guiones indican que un ser, es a la vez la persona y las situaciones (o circunstancias) en que la persona vive” (Gendlin, 1973; en Alemany 1997, p. 153).

Este argumento nos acerca a un enfoque en que cualquier experiencia de un organismo: su percepción, su conducta, su expresividad, su orientación, o en el caso de los humanos, su conciencia, su emoción, su pensamiento, etc., puede ser vista como una configuración que surge de la complejidad del organismo mismo en interacción con su entorno.

Para señalar lo anterior de un modo más simple, podemos declarar por ejemplo que, como seres humanos tenemos la capacidad de sentir frío debido a nuestra constitución física y significante que nos permite sentir temperaturas, en la medida que nuestro cuerpo interactúa en un ambiente en el cual se puede sentir frío. O sea, la experiencia del frío no es algo inherente y exclusivo del organismo, sino que una posibilidad de éste en su inseparable e indivisible interacción con el medio ambiente. Del mismo modo, el frío no es sólo inherente al medio ambiente. El frío no viene de afuera hacia adentro, ni tampoco de adentro hacia fuera. El frío es una-posibilidad-del-organismo-en-interacción-con-su-entorno.

Y ya que lo mismo que se plantea acerca de la experiencia del frío es aplicable a cualquier experiencia o conducta, podemos entender que: el hacerse conciente de los sentimientos no es inherente sólo a la persona, sino a la-persona-en-interacción-con-su-entorno (personas, eventos, etc.). Por lo tanto, la capacidad de expresión del cuerpo, y la manera particular en que expresa su sentido, significación o sentimientos, también es una-posibilidad-del-organismo-en-interacción-con-su-entorno.

Esta relación biunívoca e inseparable entre el organismo (el cuerpo) y su entorno, constituye actualmente uno de los principios centrales de la filosofía de Gendlin (1998); argumento que más adelante nos conducirá para formular un entendimiento acerca de las sensaciones sentidas periféricas.


Proceso viviente cambiante.

Ahora bien, ya que la experiencia es corporalmente sentida y a la vez es inseparable de la interacción en la que ocurre, debemos tener en cuenta también que el cuerpo experienciante no es una entidad con expresiones rígidas e inmutables, el cuerpo es un proceso viviente que siempre está cambiando.

“Los cuerpos no son fijos. Sobre una nueva superficie, el animal anda como nunca lo hizo. Su andar ya está constituido, pero en interacción con la nueva superficie, el andar surge de forma diferente, inmediatamente” (Gendlin, 1989; en Alemany, 1997, p. 384).

Parafraseando a Gendlin, y para adentrarnos en la temática de cómo se expresa el cuerpo, o a través de qué medios o formas lo hace, podemos plantear a la vez que:

“Los cuerpos no son fijos. En una nueva interacción, el cuerpo se expresa como nunca lo hizo. Su expresividad ya está constituida, pero en la nueva interacción, su expresividad surge de forma diferente, inmediatamente”

Si una persona habla de sus sentimientos con alguien que la escucha y la tiende de un modo en que nunca otro individuo le había escuchado, entonces su forma de expresar sus sentimientos, y la forma en que se contacta con ellos, será automáticamente diferente. De la misma manera, si se atiende el cuerpo de una manera en que nunca se había hecho, éste puede expresarse de maneras nuevas y creativas.

Entendiendo lo anterior, podemos empezar a abrirnos a la posibilidad que el cuerpo no sólo se expresé a través de las sensaciones sentidas “clásicas”, las que se presentan al centro y al interior del cuerpo, sino que también a través de otras manifestaciones, como las sensaciones corporales que se presentan fuera del área del tronco y que en un proceso de Focusing pueden llegar a constituir un punto importante de atención y de develación de significado para el cliente o focalizador.

Si la existencia no sólo es corporalmente sentida (Gendlin, 1973), si no que también corporalmente expresada, y las personas vivimos la vida con todo nuestro cuerpo y no solo con una parte de él (Gendlin, 1996); entonces, la creación y expresión de significado no puede ser una función exclusiva de la sensación sentida (tal cual se ha descrito tradicionalmente), sino de todo el cuerpo; sin excepción de alguna de sus partes.

Entonces, no es que el cuerpo tenga medios de expresión, sino que tajantemente: el cuerpo ES expresión. El cuerpo es, en su totalidad, expresión de la subjetividad.


Orientación.
Gendlin (1973; en Alemany 1997, p. 157) plantea que: “La experiencia siempre tiene una finalidad”.

Si tomamos en cuenta este principio, podemos por lo menos considerar que si el cuerpo se expresa en un lugar diferente de donde lo hacen habitualmente las sensaciones sentidas (el centro del cuerpo), no se trataría de una manifestación azarosa o sin sentido, sino que todo lo contrario, se trataría de una expresión que se dirige hacia el mundo con una finalidad, con una orientación. En atención a esto, las sensaciones sentidas periféricas constituirían una auténtica manifestación de la expresividad el cuerpo, una significación que busca ir adelante, del mismo modo en que una herida en proceso de cicatrización es una manifestación situada de la respuesta corporal holística a una lesión física.

Por su puesto, esta validación de ciertas sensaciones corporales como sensaciones sentidas, no pretende resolver la crítica que Prouty hace acerca del proceso de experiencing, al considerarlo un “reduccionismo fenomenológico”; pero si amplia la noción de cuales son las posibilidades de expresión del organismo.


El tipo de interacción determina cual es una sensación sentida y cual no.

“Las sensaciones corporales normales no son complejas, no suelen implicar lo que yo denomino una situación vital, si bien pueden conducirnos a una sensación sentida” (Gendlin, 1996, p. 262), es una expresión habitual del padre de la psicoterapia experiencial acerca de la preponderancia de las sensaciones interiormente sentidas por sobre las sensaciones corporales periféricas u otro tipo de manifestaciones corporales, en cuanto a su relación con la creación de significado.

Pero una sensación sentida no se determina a sí misma por sí sola, si no que en una indivisible interacción con su entorno. Esta interacción puede estar compuesta de muchos elementos, quizás otra persona que escucha, la forma en que esta persona le responde a quien se está focalizando en su sentir, el proceso cognitivo de atención sobre la experiencia, la cualidad afectiva con que se atiende a ésta, el tiempo que se le dedica a un aspecto determinado, la importancia o validez que se le da a diversas sensaciones corporales, etc. De modo que una “sensación sentida periférica” puede ser el resultado de una interacción determinada en la que el cuerpo manifiesta o expresa significado de un modo en que habitualmente no lo hace, debido a que la interacción en la que surge presenta condiciones que facilitan su manifestación.


Atención y novedad.

Una característica esencial de las sensaciones sentidas es que éstas no están allí de antemano, sino que se forman cuando el focalizador presta atención a su cuerpo para conocer y comprender “algo”; ese sentir interiormente sentido que inicialmente es vago e implícito y que siempre aporta algo nuevo.

En atención a esta característica esencial, lo que nos permitiría reconocer una sensación sentida es el hecho que ésta brinde una “certeza sentida” de contener sentido o significación, o que a partir de ella surja un “entendimiento novedoso” acerca de la situación que estamos tratando, quizás una palabra o una imagen que nos entregue una cualidad global acerca de lo que estamos sintiendo.

Este entendimiento nos permitiría reconocer cuando una sensación corporal periférica constituye o no una sensación sentida. Por ejemplo, si la persona menciona un dolor de cabeza, el cual estaba sintiendo antes de ingresar a terapia, y que no resulta atendido en una interacción precisa, probablemente no termine constituyéndose en una sensación sentida; del mismo modo, cualquier sensación periférica que sólo nos conduzca a expresiones viejas y repetitivas, probablemente tampoco sea una sensación sentida (Gendlin, 1981), y tal vez sea útil devolver la atención del focalizador hacia el centro de su cuerpo para chequear si allí hay alguna pista de lo que la sensación periférica quiere significar.

Por otra parte, cualquier sensación que surja como resultado del proceso de auto-atención que realiza el focalizador (el cual se enmarca dentro de un proceso interaccional mayor), y que le de a éste la impresión que implica algo más; o bien cualquier sensación de la que puedan “emerger” palabras, imágenes o algún movimiento que pueda develar un nuevo significado implícito, puede ser considerada una sensación sentida.

Algunos indicadores sencillos para comprobar si la sensación corporal periférica que el focalizador ha detectado constituye o no una sensación sentida, son sus propias expresiones faciales, ya que cuando se forma o encuentra una sensación sentida (que contiene significados implícitos) el cliente tiende a quedarse como “enganchado de eso” que parece querer decir algo más y que aún no es claro, lo cual es muy fácil de detectar en el rostro de la persona que se queda (aunque esté con los ojos cerrados o con la vista pérdida) como “mirando algo dentro de sí mismo”.

Considerando todo lo anterior, propongo que no cualquier sensación periférica puede llegar a constituirse en una sensación sentida, lo que no quiere decir que aquellas que no lo son no deban ser acompañadas o reflejadas de alguna manera.


SENSACIONES SENTIDAS PERIFÉRICAS

Definición y Descripciones.

Entenderemos por “sensaciones sentidas periféricas” aquellas manifestaciones corporales que se surgen en el proceso de Focusing, que aparecen en un lugar distinto del centro del cuerpo, cualquiera sea éste, y que representen para el focalizador un objeto de atención importante o llamativo, y que le brinda una intuición o certeza de conllevar un sentido, orientación o significado.

Para complementar esta definición, a continuación, se citan algunas zonas del cuerpo donde muchas veces se experimentan sensaciones que podrían llegar a constituirse en sensaciones sentidas, al mismo tiempo que se describe como pueden llegar a presentarse. Por supuesto, las descripciones que aquí se hacen sólo corresponden a posibles manifestaciones del significado sentido, y en ningún caso se plantean como significaciones universales; ya que para cada persona la manifestación de una sensación sentida periférica puede conllevar aspectos diferentes y únicos.

Cabeza: Sensación de una presión difícil de aguantar, de peso aplastante, como si la cabeza fuera a estallar, como si la cabeza estuviera conteniendo muchos pensamientos que son imposibles de manejar, como sentirse copado o aplastado por los problemas o por la angustia, o bien sentirse cansado de pensar, como necesitando una pausa, etc.

Cara: Sensación de que la cara se cae a pedazos, como la fachada de una casa en que se cae la pintura vieja, como si se cayera una máscara, sensación de necesidad que algo más auténtico o nuevo surja, sensación que los temores y las defensas se disipan, etc.

Hombros:
Sensación de llevar un peso, sensación de algo que tira para abajo, tensión que se ciñe sobre otra zona del cuerpo, etc.

Brazos: Sensación de estar de brazos atados o de brazos caídos, como no pudiendo hacer nada ante las situaciones-problemas, como una sensación de impotencia, etc.

Manos: Sensación de necesitar apretar algo, como una sensación que expresa la rabia; sensación de que las manos se caen, que no sostienen o que pierden fuerza; o bien sensación de querer cobijar algo como necesitando acoger una parte de uno mismo.

Piernas: Sensación de inmovilidad o de no poder mantenerse de pie, de estar estancado, de no poder avanzar, etc. La cualidad global en estos casos podría ser, por ejemplo, sentir algo que detiene, algo pesado que tira para abajo, etc.

Pelvis: Sensación de apertura o conflicto sexual, aspectos vinculados al género, sentimientos de maternidad o la paternidad, etc.

Sensaciones corporales globales: Sensaciones de frío o calor que se vinculan a soledad, temor, angustia dolor o rabia, etc. Sensaciones kinestésicas como estar flotando, o dentro de algo, por ejemplo, sentirse dentro de un huevo, o en un oleaje, etc.


Cómo Integrarlas al Proceso Psicoterapéutico.

Habiendo ya revisado algunas concepciones que nos pueden ayudar a comprender el sentido de la emergencia de sensaciones sentidas periféricas, nos encontramos con la pregunta de cómo integrarlas al proceso psicoterapéutico. Evidentemente, no hay procedimiento que por sí solo contribuya a trabajar aspectos específicos del experienciar, pero manejar ciertas herramientas de acción nos permite al menos intentar pasos que pueden generar movimiento experiencial.

La primera enseñanza que resulta útil considerar, antes de señalar sugerencias específicas para facilitar el proceso de personas que experimentan sensaciones sentidas periféricas, es que “cuando se produce una sensación sentida, sólo ciertas expresiones o acciones resonarán con ella y la llevarán adelante”. (Gendlin, 1996, p. 96). Esto quiere decir que cualquier acción a nivel concreto o simbólico, se ajustará y llevará adelante algún aspecto de la experiencia sólo si encaja con lo que el cliente está sintiendo y al mismo tiempo le permiten precisar nuevos aspectos de su experiencia.

Entre las posibilidades de acción o expresiones que podemos probar para llevar adelante una sensación sentida periférica, encontramos la atención, las palabras, las imágenes, el movimiento corporal, el “dialogo” entre sensaciones, entre otras, como se verá a continuación.


1. Validar y atender la sensación: La sugerencia básica para integrar las sensaciones corporales periféricas en el proceso psicoterapéutico es estar abierto a ellas con una actitud de aceptación, interés y curiosidad, ya que muchas veces no prestamos atención a diversas expresiones de nuestra propia corporalidad o a la de otras personas.

Habitualmente podemos pensar que ciertas manifestaciones corporales periféricas no tienen ninguna incidencia en el proceso de llevar adelante porque estamos acostumbrados a pensar que lo físico existe independientemente de lo psicológico o viceversa; ya que en cierta medida, aún estamos condicionados por el paradigma de la división mente-cuerpo. Por lo anterior, debemos tener permanentemente presente que la experiencia siempre excede cualquier preconcepción que se tenga de ella, y tener confianza en que el proceso corporal “nos ofrece sensaciones precisamente en el área del cuerpo donde más necesitan ser sentidas” (Weiser Cornell, 1994).

Tomando en cuenta esto, podemos sugerir al focalizador que permanezca junto a la sensación con una actitud acogedora y paciente. Una atención constante, aceptante y no demandante (de parte del terapeuta y del cliente) puede ser el tipo de interacción necesaria para que una sensación corporal periférica se constituya en una sensación sentida y para que su significado implícito se haga más claro para el cliente.

Finalmente, es importante recalcar que para que una sensación corporal devenga en sensación sentida, no hace falta cualquier tipo de atención, si no una atención con carácter afectivo.


2. Tocar la sensación: El Focusing es un enfoque centrado en el cuerpo, y no tiene que serlo solamente atendiendo una sensación corporal interna, también puede serlo integrando contacto corporal concreto, más específicamente usando el contacto de las manos sobre las sensaciones sentidas (Friedman, 2000).

Cuando una persona identifica una sensación sentida periférica, podemos, de forma muy gentil, sugerirle que lleve una mano hacia donde se encuentra la sensación sentida. Esta pequeña acción puede ayudar a los clientes que tienen dificultad en atender una sensación sentida a permanecer junto a ella.

También es posible que el mismo terapeuta toque a la persona muy respetuosamente, y siempre con su permiso, ya sea en la sensación misma o en otra parte del cuerpo en que resulte más cómodo para ambos y en especial para el cliente, por ejemplo, en los antebrazos o en los hombros; como una forma de ayudar a amplificar la conciencia acerca de tal sensación. Es llamativo como el más pequeño contacto puede a veces ayudar al cliente a salir de un bloqueo o a sentir más intensamente la cualidad de un sentimiento o de una sensación sentida.

En todo caso se debe tener en cuenta que así como el contacto físico puede ser de ayuda, también puede resultar entorpecedor del proceso, sobre todo con personas que se pudieran sentir incómodas con cualquier tipo de acercamiento. Obviamente, no sería ético tocar a las personas en partes más privadas como las piernas o el pecho.


3. Reconocer cuándo aparece: Muchas veces, antes que la persona logre dar con la cualidad de una sensación sentida (“tensa”, “asustado”, “como si esperara algo”, etc.), puede ser capaz de señalar aspectos mucho más básicos acerca de ella. Es posible constatar, por ejemplo, cuando aparece una sensación en el contexto de la interacción y de la conversación: “Apenas me dijo usted eso, me acordé de mi marido y me vino está sensación en la cabeza”. Si el cliente no realiza espontáneamente esta asociación, nosotros podemos consultar por ella. Obviamente, no preguntamos esto por mera curiosidad, sino porque sencillamente resulta más fácil atender pacientemente algo cuando entendemos que se relaciona con un contexto interpersonal y no pensamos que sólo se trata apenas de una “rara sensación ahí en las piernas”, por ejemplo.

Comprender el momento en que una manifestación determinada de la experiencia se hace presente, puede contribuir con el proceso atencional que es fundamental para conseguir una sensación sentida, sobre todo si el cliente se siente extrañado acerca de la sensación corporal periférica o se siente bloqueado por un momento. El Cuando puede ser una dimensión terapéutica tan valiosa como el Cómo o el Qué.


4. Describir su acción o movimiento: Otro tipo de descripción muy sencilla acerca de una sensación corporal, es la que se relaciona con su “acción” o “movimiento”. A veces se siente que las sensaciones corporales tuvieran alguna clase de animación, vaivén, palpitación, o aumento de tamaño o intensidad; que no necesariamente se relaciona con su cualidad: “Es una sensación que se achica y se agranda… como si quisiera llamar la atención…”. En este caso, la acción o movimiento de la sensación sentida sería achicarse y agrandarse, y mientras que la cualidad sería el sentimiento de “eso quiere llamar la atención de alguna forma”.

Otro ejemplo, una persona tiene una sensación en la cara, como si de ésta se desprendieran pedazos (esta es la acción o movimiento), después de un rato de atención logra precisar que es como si se tratara de una “renovación” (la cualidad del sentimiento); más tarde, al resonar la palabra “renovación”, se da cuenta que ya no se ve a si mismo de la misma forma, que su vieja imagen de si misma se desprende y le da lugar a una imagen más nueva y agradable.

Otro ejemplo similar en el que se combina el movimiento de la sensación sentida periférica y el uso de una imagen sugerida por el terapeuta: La persona experimenta una sensación en el costado de su cabeza, cerca de la sien, cuando se le consulta si la sensación tiene algún tipo de movimiento, responde: “Se mueve para todos lados”, entonces el terapeuta le sugiere: “Si esa sensación en tu cabeza fuera una persona, ¿qué estaría haciendo o sintiendo?”, inmediatamente la cliente se quiebra y dice: “No sabe a donde ir”.

Conocer la acción o movimiento de una sensación sentida, puede ser el paso previo a conocer su cualidad de sentimiento, y constituye una forma muy sencilla de empezar a relacionarse con ella. Aplicar esta pequeña sugerencia también es útil si el cliente se siente bloqueado o no sabe cómo describir la sensación en un principio.


5. Recoger palabras e imágenes sentidas: El procedimiento más habitual para simbolizar los aspectos implícitos en una sensación sentida es permitir que a partir de ellas surjan palabras o se formen imágenes corporalmente sentidas.

En algunos casos hay sensaciones con características muy claras, que las personas logran describir de diversas formas casi de inmediato; pero en otros, las personas deben tomarse un poco más de tiempo para dar con una palabra o imagen que encaje con eso que están sintiendo, y si aquello no prospera, el terapeuta le podrá sugerir si puede permitir que algo se forme a partir de tal sensación, para luego permanecer otro momento resonando la palabra o la imagen contra ella. Sabremos cuando una palabra o imagen es realmente sentida cuando su aparición efectivamente produzca algún efecto sobre la sensación, ayude a que la persona pueda referirse más claramente acerca de su experiencia, o conduzca a un mayor nivel de conciencia acerca de la situación que se está tratando.

Cuando se trabaja con imaginería al atender una sensación sentida periférica podemos usar dos acercamientos: 1) Imágenes espontáneas y 2) Imágenes sugeridas.[2]

Cuando trabajamos con imágenes espontáneas seguimos las descripciones que el cliente nos ha hecho de manera natural, sin que nosotros hayamos influido en la elección de la imagen sentida que ha surgido como referencia a su experiencia. Por ejemplo, un adolescente que describe con toda paciencia cada cosa que experimenta en su cuerpo me relata que tiene una tensa sensación al centro de la frente y me comenta: “Es como una burbuja, de esas que se hacen con jabón, se siente como si quisiera agrandarse, tener más espacio, pero no es del tipo de burbuja que se revienta con cualquier cosa, es una burbuja dura…” Después, continuamos trabajando sobre esa descripción hasta que lo esencial acerca de ese sentimiento se devela.

Cuando utilizamos imágenes sugeridas hacemos una invitación para que el cliente se refiera a la sensación sentida periférica a través de un símbolo que nosotros (los terapeutas) proponemos pero que él mismo va desarrollando; un ejemplo de esto sería el que se citó en el apartado anterior, donde se combinaba el movimiento de la sensación corporal periférica con una imagen sugerida (Terapeuta: “Si esa sensación en tu cabeza fuera una persona, ¿qué estaría haciendo o sintiendo?”; Cliente: “No sabe a donde ir”). Podemos usar diversas imágenes sugeridas para trabajar las sensaciones sentidas periféricas: Una persona, sólo el rostro de una persona, un animal, un árbol, o cualquier imagen que el cliente pueda llegar a desarrollar y que resulte útil para referirse a las cualidades afectivas de la experiencia, por ejemplo, Terapeuta: “¿Cómo te imaginas ese árbol?, Cliente: “Está solo, le falta compañía y cuidado”.


6. Permitir el movimiento corporal: Puede que la acción corporal que surge desde una sensación sentida sea tan poderosa como las palabras o las imágenes que normalmente se utilizan para referirse a ella (Gendlin, 1981), y esto puede ser más cierto en el caso se de las sensaciones sentidas periféricas, sobre todo si se manifiestan en las extremidades (piernas y brazos). Por ejemplo, cuando el cliente experimenta una sensación sentida en sus manos y brazos, y no logra precisar verbalmente lo que la sensación le transmite, podemos consultarle si con ella se le produce la necesidad de realizar algún tipo de acción, y sugerirle que nos grafique qué movimiento corporal le viene.

No es poco habitual que en psicoterapia los pacientes tiendan a señalar la necesidad de realizar movimiento corporal, sobre todo cuando no dan con las palabras que encajen con lo que concretamente sienten. Así, podemos encontrarnos con personas que hacen gestos con sus manos, se tocan o se abrazan a si mismas, señalan la necesidad de apretar o golpear cosas, o incluso de pararse o moverse de alguna otra forma.

Lo importante acerca de todo esto es que el movimiento corporal que se realice no sea algo deliberado, sino que lo que espontáneamente surge desde la sensación. También es elemental volver a la sensación sentida una vez que sea ha realizado el movimiento para constatar si ésta ha cambiado de alguna forma y para conocer qué nuevo aspecto se devela a partir de la acción corporal realizada.


7. Convocar a una sensación aliada: Algunas personas tienen una vivencia negativa acerca de su propia corporalidad; no les agrada su cuerpo y con regularidad experimentan una sensación corporal desagradable. Siempre llevan tensión en las piernas, los hombros, la cabeza, etc. En estos casos, la aparición de una sensación corporal periférica puede tener relación con ese tipo de sentimientos. Por ejemplo, una persona con problemas de sobrepeso y con una crítica visión acerca de su cuerpo, puede quejarse constantemente de sensaciones desagradables e intensas en sus piernas y brazos “fofos”; como una especie de manifestación concreta de la Crítica Interna o del Superyó en un lugar específico del cuerpo. En estos casos, en que las sensaciones vienen asociadas con una alta dosis de crítica y un evidente bloqueo en el proceso, podemos convocar a una “sensación aliada”, o sea, una sensación que la persona pueda experimentar como neutra, positiva, o notoriamente diferente de las sensaciones corporales desagradables. Si la persona tiene una persistente, molesta y/o dolorosa sensación, por ejemplo, en las piernas, tal vez encuentre una sensación más agradable en la cara, en las manos o al centro del cuerpo, y recibir los sentimientos que surgen al atender aquella nueva sensación. Permitir la atención sobre estos nuevos sentimientos puede traer algún tipo de clarificación sobre la sensación que originalmente se estaba atendiendo, y luego, por supuesto, se puede volver sobre ésta o sobre ambas, como prefiera el cliente.

Este procedimiento[3], muy similar a encontrar algo positivo en los personajes o elementos de los sueños (Gendlin, 1992), es habitualmente usado con personas que experimentan dolor físico debido a enfermedades, y tiene como objetivo movilizar una energía corporal positiva y refrescante que le inyecte movilidad al proceso de Focusing, o que permita al menos que no se interrumpa el incesante proceso de atención corporal.


8. Facilitar el diálogo entre sensaciones: Es posible establecer diálogos entre dos sensaciones corporales, de un modo similar en que realiza con la técnica gestáltica de las dos sillas[4]. Este sencillo procedimiento se puede aplicar cuando hay dos sensaciones corporales claramente identificables. La idea es establecer una dinámica entre dos sensaciones que pueden guardar relación con diferentes aspectos del sí mismo: una parte que es coercitiva y otra que se siente victimizada; o bien, una parte que aporta fuerza y otra que se siente vulnerable, por citar algunas posibilidades.

Por ejemplo, podemos encontrar una tensión en los hombros que se dirige hacia otro aspecto que se siente como presionado en el pecho. También podemos hallar una intensa sensación en la cabeza que se presenta junto a otra sensación en cualquier otra parte del cuerpo. En cualquier caso, podemos consultar cosas como: “¿Qué necesita presionar aquella tensa sensación?”, “¿Cómo se siente aquella parte con toda esa presión que viene de los hombros?”, “Si esa sensación de la cabeza pudiera decirle algo a la otra sensación que tienes en el pecho, ¿qué le diría?”, u otras cosas similares.

Si en alguna de las sensaciones se identifican indicadores de significado que se asocian a negativismo, fuertes racionalizaciones, o a condicionamiento social coercitivo, podemos utilizar las sugerencias acerca del trabajo con la crítica interna que proponen diversos autores (Gendlin, 1996; Hinterkopf, 1998; Leijssen, 1998; Weiser Cornell, 1994, 2005); así, se le puede asignar una imagen concreta a cada sensación, o chequear cual es la función de cada una, o como se relacionan entre ellas, etc.


9. ¿Por qué la sensación aparece o se desplaza justo allí?: Las sensaciones corporales pueden aparecer en distintas partes o moverse de una parte del cuerpo a otra (Gendlin, 1996; Stevenson, 1998). Por ejemplo, podemos encontrarnos con una sensación que se aparece en la cabeza, se mueve al cuello y luego al pecho, o en la dirección inversa; o incluso, una que parte desde la cabeza y llega hasta los pies, una vez que ha recorrido otras partes del cuerpo.

La aparición o el desplazamiento de una sensación sentida puede ser el resultado del proceso atencional que se ha desarrollado sobre ella, o puede incluso tratarse de un aspecto importante del proceso de llevar adelante. Por ejemplo, si una sensación aparece o se desplaza a la zona genital tal vez se pueda relacionar con cierta forma en que la persona vivencia su sexualidad, o más específicamente, con un hecho determinando, como una experiencia sexual de carácter positivo o traumática. Y lo mismo es aplicable para cualquier sensación en cualquier parte específica del cuerpo, tal vez se relacione con una experiencia o situación puntual.

Es importante señalar que el hecho que una sensación se desplace no necesariamente constituye un cambio sentido, aunque ser un paso necesario par experimentarlo.

Lo útil de constatar la aparición o el desplazamiento de una sensación sentida es conocer con qué sentimientos o situaciones se relaciona. Por ejemplo, Stevenson (1998) se señala el caso de una mujer que empieza sintiendo una sensación en la cabeza, la cual se desplaza a través de todo el cuerpo hasta llegar a uno de sus pies, el cual estaba seriamente dañado debido a una operación. En este caso, el desplazamiento de la sensación correspondía al mismo que, años atrás, había realizado un coagulo que había partido desde su pie dañado hasta su cerebro, y que casi le causa la muerte. El recorrido era el mismo pero a la inversa; y el proceso, en la situación de Focusing evidentemente fue de sanación.

Tomando en cuenta esto, podemos considerar la posibilidad de preguntarle a la persona porque cree que la sensación apareció o se desplazó a esa parte del cuerpo, o como se relaciona con esa parte de su anatomía, o si hay alguna situación pasada que se relaciona con ella, etc.



NOTAS AL PIE DE PÁGINAS.

[1] Las negrillas fueron agregadas para enfatizar la idea.
[2] Un tercer tipo de acercamiento sería el uso de “imaginería guiada”, sin embargo, éste no me parece conveniente porque puede introducir un tinte de directividad que puede resultar contraproducente para el trabajo terapéutico, y porque invitar al cliente a seguir nuestras instrucciones puede llevarlo a perder contacto con su sensación sentida periférica.
[3] Cuando escribí la versión original de este texto (Robles, 2005), apenas intuía que podría ser posible convocar una sensación aliada, y solamente confirmé que se trataba de algo factible (en la práctica) casi un año después de haber escrito tal idea. Más recientemente, comprendí que diversos autores también mencionaban esto como una alternativa útil (Leijssen, 1998; Mueller & Feuerstein, 1999; Grindler, 1999).
[4] Aunque yo no creo necesario hacer que una persona se tenga que cambiar de asiento para realizar esto.


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(*) Luis Robles Campos:
Psicólogo, Universidad de Tarapacá, Arica – Chile.
Focusing Trainer acreditado por The Focusing Institute, New York- USA.
luisrobles1977@gmail.com


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