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sábado, 18 de agosto de 2007

Un Enfoque Experiencial Aplicado al Abuso Sexual




DOLOR, CAOS Y RECUPERACION: UN ENFOQUE EXPERIENCIAL APLICADO AL ABUSO SEXUAL

Por Javier Armenta Mejia


“A mitad del invierno, encontré dentro de mi un verano invencible”
Albert Camus

Introducción

Este trabajo propone un enfoque terapéutico centrado en la persona y experiencial en el caso de adultos que buscan ayuda terapéutica y que sufrieron abuso sexual en la infancia.

Mas que una visión de los factores predisponentes, de la dinámica familiar o una extensa lista de las características psicopatológicas o de las formas y tipos de diagnóstico, este escrito se limita a la descripción del proceso terapéutico y de los factores que tanto en el terapeuta como en el cliente ayudarían a la resolución exitosa de una situación compleja y traumática como lo es el abuso sexual.

Tal vez y como una forma de iniciar habría que preguntarse por la persona que acude a la terapia y que fue víctima de una agresión sexual. Pensando en términos generales que la persona carga una historia traumática no resuelta que le impide vivir de manera adecuada en el presente, seria razonable entender que tipo de actitudes, conductas o expresiones del terapeuta podrían facilitar el ir poco a poco explorando el impacto de la agresión y asimilando o simbolizando la experiencia adecuadamente.

Desde la terapia centrada en la persona cabria preguntarse que ocurre con la tendencia a la actualización en el caso del abuso sexual. Y tal vez mas importante, que puede hacer el terapeuta para liberar o desbloquear un proceso de crecimiento obstruido, congelado o temporalmente disminuido.

En relación con el cliente también habría que pensar si las actitudes básicas del terapeuta se pueden aplicar de la misma forma que a otros procesos terapéuticos.

En este sentido, también podemos cuestionar que tan valido es enfocar esta problemática en términos exclusivamente de psicopatología, de anormalidad o peor aun, de enfermedad.



La Psicopatología vista desde adentro

Una de las características del trabajo de Carl Rogers (1951, 1957, 1961) fue la de establecer como fundamental en todo proceso terapéutico a la persona. En este sentido, pierden importancia y ocupan un segundo plano el terapeuta, el diagnostico y las técnicas terapéuticas. Mas allá de lo anterior que puede ser importante, se impone como fundamental el respeto a la dignidad de la persona, la comprensión de su mundo interno, la aceptación y aprecio positivo incondicional, el establecimiento de una relación autentica de persona a persona, y la creación con todo lo anterior de un espacio psicológicamente seguro donde el individuo puede retomar su propio crecimiento o su propia direccionalidad.

Debido a lo anterior, Rogers hace a un lado el diagnostico por su implicación de una relación desigual en donde el “experto” le dice al “paciente” que es lo que le sucede y que tiene que hacer para enfrentarlo.

Además, el diagnóstico puede funcionar como una forma de control social, psicológico o inclusive familiar donde se manipula o controla a la persona a través de una etiqueta clínica que puede tener efectos negativos en la valoración de la persona.

No obstante lo anterior y el rechazo abierto de Rogers (1951) a evaluar o juzgar al cliente, en la Terapia Centrada en la Persona no se niega la disfuncionalidad en los individuos, sino que todo esto es enfocado desde otra perspectiva.

El conflicto es entendido por Rogers (1989) como una incongruencia entre el “self” del cliente y su valoración organismica. De ahí que la inadaptación se de al sobreponer, limitar, disfrazar o distorsionar la experiencia organismica por ser incompatible con el concepto que la persona tiene de si misma. Lo anterior lanza a la persona metafóricamente hacia caminos que no son los propios, sino que han sido impuestos desde fuera del individuo. No es de extrañar que la capacidad de vivir satisfactoriamente se vea reducida en la persona.

A lo anterior podríamos agregar una perspectiva del desarrollo en donde una parte del campo fenomenico del infante poco a poco se diferencia y se convierte en el “si mismo” o “self”, probablemente uno de los principales determinantes en la conducta de las personas.

Si pensamos que el abuso sexual se da cuando el “self” se encuentra en estado de formación, la experiencia traumática se va a incorporar de manera distorsionada, negada o con una conciencia muy limitada. Además, existen una serie de factores que tal como lo establece Everstine y Everstine (1997) podrían complicar el efecto de la agresión. Entre estos podríamos enumerar a los siguientes:

· La edad del infante en el momento del abuso, ya que por cuestiones de maduración física o psicológica no es lo mismo un niño que ha sido victimado a los 3, 6 o 12 años.

· Desde una perspectiva fenomenológica otra cuestión importante serían las condiciones psicológicas del infante anteriores al abuso, ya que si existían problemas emocionales antes de la agresión, esto lo que va a hacer es agravar o generar mayor disfuncionalidad.

· Otro elemento seria el tipo de abuso que se dio: si hubo violencia o no, si la persona fue obligada a ver actos sexuales, si solo fueron caricias, hubo penetración u otro tipo de abuso.

· La experiencia subjetiva de todo lo anterior seria un elemento clave para poder entender el impacto que la agresión dejó en una persona. Un aspecto que hay que recordar es que las personas pueden sufrir el mismo tipo de abuso, pero reaccionar de manera diferente y procesar la experiencia de forma totalmente distinta. Todo lo anterior nos recuerda que el terapeuta debe escuchar de manera muy sensitiva al otro y no basarse en generalizaciones o en cuadros sintomáticos sobre el abuso y sus efectos. Lo importante aquí es como esta experiencia afecto a este cliente en particular y la forma en que él lo ha enfrentado, distorsionado o negado.
· Aunado a lo anterior se encuentra el número de agresiones, ya que conforme aumenta el número o la frecuencia, también pensaríamos en que el daño psicológico es mayor en el individuo.
· Tal vez uno de los aspectos que generan mas conflicto en la víctima sea el tipo de relación que se tenia anteriormente al abuso con el agresor: si este fue un extraño, la posibilidad de la recuperación es mayor que si era un amigo o un familiar. Mientras mas cercano y significativo sea el lazo con el agresor mayor probabilidad hay que genere culpa, sentimientos ambivalentes, una gran confusión, una perdida de confianza en los demás y la vivencia de un mundo inseguro u hostil.
· Cuando el abuso es descubierto, la reacción de los familiares puede representar tanto una ayuda cuando la respuesta es de comprensión, cuidado y afecto hacia el infante; o también puede ser otra situación negativa que se suma al abuso, si la actitud de la familia es de duda, incredulidad, ridiculización, rechazo afectivo o inclusive de agresión contra el menor.


Según Speirer (1990) el elemento central en la disfuncionalidad es la incongruencia y para enfrentarla el organismo puede:

a) ser selectivo en la percepción
b) disfrazar experiencias inaceptables para el self (total o parcialmente)
c) presentar una conducta de evitación

Lo anterior no produce disfuncionalidad en si mismo, sino que genera una merma o disminución en la capacidad para un funcionamiento pleno.

Si pensamos que el organismo reacciona como una totalidad organizada ante su campo fenoménico, la negación o distorsión de los sentimientos generados por el abuso afecta de manera inevitable a la persona.

También podríamos pensar que la persona no reacciona ante la realidad, sino a la percepción que tiene de esa realidad. De ahí que parte de la labor terapéutica consiste en adentrarse en el mundo fenoménico o en la realidad del cliente para desde ahí entender el impacto de lo que éste ha vivido y ayudar a reconstruir o simbolizar adecuadamente experiencias en extremo humillantes o dolorosas.

La psicopatologia también la podríamos entender como un proceso de desintegración de las distintas partes del “self”. Esta alienación de la experiencia organismica genera conductas seudoadaptativas y patrones defensivos que en el momento del abuso protegen al niño, pero que al paso del tiempo o en la edad adulta producen mayores complicaciones o un crecimiento obstruido.


Proceso de Cambio y “Focusing”

Carl Rogers (1989) establece que para que la terapia funcione adecuadamente deben existir las siguientes condiciones:

1.- Que dos personas estén en contacto psicológico.
2.- Que la primera persona, a la que llamaremos cliente, se encuentre en un estado de incongruencia, vulnerabilidad o de ansiedad.
3.- Que el terapeuta sea congruente en la relación.
4.- Que el terapeuta experimente un aprecio positivo incondicional hacia el cliente.
5.- Que el terapeuta experimente una comprensión empatica del marco de referencia interno del cliente.
6.- Que el cliente perciba, por lo menos en grado mínimo el aprecio positivo incondicional y la comprensión empática del marco de referencia del cliente.


Si las anteriores condiciones se dan, una serie de cambios constructivos de la personalidad se llevarán a cabo. Entre los más importantes tendríamos:

Una apertura a la experiencia, lo que implica una reorganización donde el cliente es menos defensivo. Como la percepción del cliente es menos rígida y tiene a su disposición mas datos, su conducta está mas anclada a la realidad.

También como hay una menor necesidad de distorsionar las situaciones, la persona es mas eficiente en la resolución de problemas. Aunado a lo anterior se da un mayor ajuste psicológico producto de los cambios en la estructura del “self´”. Y en ese mismo sentido debido a una mayor congruencia entre el self y la experiencia, la vulnerabilidad a la amenaza es menor.

Hay por otro lado una mayor congruencia entre el self ideal y el self real; la ansiedad y la tensión psicológica tienden a reducirse.

Otro de los cambios fundamentales es que el cliente tiene un grado mayor de aprecio hacia si mismo. El locus de la evaluación o de las decisiones son experimentadas dentro del cliente mismo. En consecuencia el cliente se experimenta con mayor seguridad y autodireccion.

Dicha autodireccion se rige por un proceso de valoración organismica. En el área interpersonal hay una percepción mas realista de los demás y la conducta del cliente se vuelve mas creativa, mas adaptada a cada nueva situación y mas expresiva de sus propósitos y valores. (Rogers, 1989).

Por otro lado, y desde una perspectiva experiencial, el Focusing es un método elaborado por Eugene Gendlin (1981,1996) como una forma de contactar y “llevar hacia delante” una experiencia sentida (felt sense).

Para algunos autores como Dave Mearns (1994) el Focusing es “básicamente ayudar al cliente a ser empático consigo mismo. Es una invitación no invasiva para que el cliente se dirija hacia el limite de su darse cuenta al explorar un asunto”.

El método de Gendlin (1990, 1996) tiene una relación fundamental con la experiencia corporal de las situaciones vivenciadas. Según Leijssen: (1998) “Al contactar cuidadosamente la experiencia corporal, la cual es vaga al principio, uno puede ponerse en contacto con la ´´experiencia sentida´´ de un asunto, problema o situación. A través de la interacción con símbolos, la experiencia sentida puede volverse mas precisa, puede cambiar y llegar a un cambio sentido (felt shift): la experiencia de un cambio real o de la resolución corporal de un asunto”.

A continuación se presentan los pasos del Focusing:
1.- Despejar un espacio
2.- Contactar la experiencia sentida del problema
3.- Encontrar un ancla
4.- Resonar el ancla con la experiencia sentida
5.- Preguntar
6.- Recibir

En el caso de personas severamente traumatizadas por el abuso, el paso 1 ayudaría a que el cliente al dirigir su atención hacia su cuerpo pudiera localizar que emociones, situaciones o recuerdos aparecen como problemas que se interponen al cliente para que este se pueda sentir bien. En este paso el cliente no entra en la emoción o situación problemática, sino que únicamente la detecta y permanece como observador.

El aporte de Ann Weiser Cornell (1996) de buscar la “distancia adecuada” funcionaria permitiendo que si la experiencia ha sido en exceso traumática y el solo hecho de contarla provoca pánico, terror o una extrema desorganización, el cliente pueda metafóricamente poner el problema o situación tan retirado como sea necesario para poder trabajar con él.

En el caso de que el cliente se encuentre psicológicamente anestesiado y que se le dificulte el sentir, como puede ocurrir con algunas personas abusadas sexualmente (Lew, 1988), esta insensibilización puede enfrentarse experiencialmente a través de ir acercando el problema tanto como sea necesario para no caer en una interacción cliente-terapeuta únicamente intelectualizada y en donde no haya un cambio registrado a nivel corporal.

Si el cliente al realizar el primer paso encuentra que hay demasiados aspectos o sentimientos problema, lo adecuado seria preguntar a nivel corporal cual de todos esos aspectos es el que mas pesa, sobresale o necesita ser atendido. Cuestión que es muy común en el abuso sexual ya que pareciera que después del abuso se han agregado otros sentimientos, problemas o dificultades (Bass y Davis, 1992).

Ya que el organismo selecciona una situación, el segundo paso consistiría en dejar que se forme una “experiencia sentida” del problema. Cuando se ha formado tratamos de describirla y de darle un nombre o ancla ( tercer paso). Permanecemos un poco con el ancla y vemos si concuerda en como el cuerpo la vivencia, es decir, resonamos el ancla con la experiencia sentida (4º. paso). Podemos checar una y otra vez con una palabra, una imagen, una metáfora o un símbolo y generalmente el cuerpo indicara a través de un “cambio sentido” cual ancla describe mejor la experiencia sentida.

Después podemos preguntar si esta experiencia tiene una cualidad emocional (5º. paso). Podemos preguntar también ¿Que es lo principal de todo esto que te esta afectando realmente? ¿De que se trata todo este asunto que te hace sentir tan_________? (palabra usada como ancla). ¿Qué es lo que todo esto necesita?. Este puede ser un paso opcional ya que muchas veces el “cambio sentido” se da o es registrado por el cuerpo al contactar o escuchar empáticamente nuestro interior. Weisser Cornell (1993) habla de lo importante que es “estar ahí” con el sentimiento que se ha encontrado. Una amistosa actitud de respeto y de curiosidad pueden hacer que podamos acercarnos o escuchar algo de lo que hemos huido, nos hemos escondido o simplemente no queremos aceptarlo.

La actitud mas importante en el focusing es la centrada en la persona: podernos escuchar a nosotros mismos en las partes dolorosas, vulnerables o humillantes con comprensión, respeto, aceptación y aprecio.

Finalmente el último paso del Focusing es una actitud de permitirte estar con la sensación que tengas en este momento y recibir el resultado de todos los pasos.

La anterior es una descripción injusta y sobresimplificada de un proceso experiencial complejo y de una gran riqueza. Quien desee profundizar en la teoría del Focusing puede consultar a algunos autores como Gendlin (1981, 1996), Alemany (1997), Weisser Cornell (1993, 1996), Mia Leijssen (1998) y Amodeo y Wenthworth (1999).

Resumiendo podríamos decir que en el caso del abuso sexual, el Focusing permitiría que el “experienciar” nuevamente funcionara adecuadamente. La reorganización e integración de los aspectos o partes fragmentadas del self se realizaría poco a poco y desde una perspectiva sistémica, los primeros aspectos que fueran simbolizados adecuadamente generarían mayor inestabilidad, que a su vez produciría nuevos aspectos para ser simbolizados e integrados constructivamente (O’Leary, 1999).


La Psicoterapia del Proceso Experiencial

Basada tanto en los principios de la terapia centrada en el cliente, en la corriente gestáltica, el existencialismo y en el modelo del procesamiento de la información, esta corriente experiencial se distingue por el papel activo del terapeuta y por una ciertra directividad en cuanto al proceso se refiere (Greenberg, Rice and Elliot, 1993).

A continuación se presentan algunos aspectos de esta corriente que se pueden aplicar en la psicoterapia de personas que sufrieron abuso sexual en la infancia.
Tal vez el elemento novedoso en esta corriente sea que aparte de los factores primarios relacionales (empatía, aprecio positivo incondicional y autenticidad) autores como Laura Rice (1984) proponen una serie de tareas cognitivo – afectivas que reprocesadas producirían una resolución de la situación problemática.

Entre las tareas que facilitarían el trabajo terapéutico en el abuso sexual se encuentran las de búsqueda experiencial, las de expresión activa y las de contacto interpersonal.


Tareas de Búsqueda Experiencial

Este tipo de técnicas implican que el terapeuta facilite el acceso del cliente a un funcionamiento experiencial en oposición a uno puramente intelectual o conceptual.

En el caso de personas abusadas sexualmente, significa ir gradualmente acercándose a un proceso vivencial de comprensión de la persona, de permitir que el cliente de manera segura y sin sentirse revictimizado, pueda contar lo que vivió y hacer una reconstrucción de lo que significa haber pasado por dicha experiencia.

A continuación se explica su aplicación dentro de un proceso terapéutico orientado al abuso.

a) Exploración empática: implica que el terapeuta trabaje de una manera sensitiva entrando al campo perceptual o al mundo fenoménico del cliente para desde ahí darse cuenta de los marcadores que señalan la ejecución de una tarea determinada.

Implica también el expandir el campo perceptual del cliente al dirigir su atención hacia aspectos relegados o no simbolizados de su propia experiencia.

Esta forma de la respuesta empática tiene un carácter no impositivo, a manera de una pregunta que se busca poner a prueba, dándole al cliente la ultima palabra sobre su experiencia (Armenta, 2001).

b) Facilitar la narración: si pensamos en la persona que sufrió el abuso sexual, el hecho de contar la historia de lo que le ocurrió aparece como una necesidad a lo largo de la terapia. Facilitar la narración de un hecho doloroso o avergonzante implica que el terapeuta se convierte en un acompañante empatico, respetuoso y cálido. Es a través de un discurso doloroso y cargado afectivamente que el cliente puede empezar a vivenciar o reexperienciar fuertes sentimientos que en el presente pueden ser integrados de manera funcional.
Generalmente la historia o la narración inicial de la persona es de dolor, impotencia, miedo, odio y desesperación. Esta narración también matiza o colorea otros aspectos de la vida de la persona generando patrones disfuncionales.

Cuando esta tarea se ha resuelto el cliente puede vivenciar una narración posterior al abuso que incluye la recuperación, la esperanza y un gradual involucramiento y satisfacción con la propia vida (Dolan, 1991).

c) Creación de significado: si pensamos que el “self” del cliente por el abuso se ha estructurado con partes negativas, ha sufrido una fragmentación o constantemente vive periodos de desintegración, el significado o sentido que la persona le da no solo a la experiencia traumática, sino a gran parte de su vida es de desesperanza, ansiedad, rechazo hacia si mismo y en general de una postura disminuida ante la propia existencia.

La vida, según Oscar Goncalves (1998) “es una narrativa, una historia coconstruida a través de un intenso intercambio dialéctico entre los individuos y su medio ecológico. Es sin embargo, una forma única de narrativa. Es una narrativa sin un inicio y final precisos. Los capítulos que la componen son frecuentemente elusivos, y los caracteres y figuras frecuentemente permanecen no muy claramente definidos. El significado y la estructura de la narrativa continua cambiando a través de una serie de extrañas vueltas y ciclos creativos”.

Parte de la labor terapéutica es ir facilitando que el cliente a través de una relación dialógica se reconstruya a si mismo y llegue a crear significados distintos a los iniciales. Los hechos ocurridos en el pasado no cambian, lo que adquiere una nueva interpretación es la reconstrucción o resignificación que adquiere la “historia de vida” en el presente (Bugental, 1965; Sadler, 1969).


Tareas de Contacto Interpersonal

También llamadas por Laura Rice (1984) los factores primarios relacionales: tanto la empatia, el aprecio positivo incondicional y la autenticidad van a generar un espacio psicológicamente seguro para la terapia y su desarrollo (Armenta, 2001).

La llamada “alianza de trabajo’’ implica un relación de mucha significación emocional donde la persona al percibir o ser receptor ante estas actitudes las empieza a internalizar y a reemplazar por las ‘’condiciones de mérito’’ y los caracteres obstructores de la terapia.

Rogers (1952) expresa magistralmente esta dimensión de la terapia cuando establece: ‘’Deseo sinceramente hacer tan segura esta relación como para que el cliente pueda relajarse, pueda arrojar sus defensas, y, lo que es mucho mas importante, pueda comenzar a comunicarse consigo mismo. Quisiera ser tan sensible a todas sus reacciones como para poder marchar junto a él, y poder acompañarle en todos sus rincones y resquicios de su experiencia, como un compañero comprensivo que le hace auténticamente segura la exploración de regiones anteriormente consideradas como muy peligrosas’’.

Entre las principales tareas interpersonales se encuentran las que se describen a continuación.


a) Proveer una “presencia” confiable: la persona que ha sido victima de algún tipo de abuso sexual ha visto deteriorado el sentimiento de confianza en los demás por la intensidad del daño que ha experimentado (Bass y Davis, 1992).
El terapeuta consciente de esta situación trata de crear una relación interpersonal saludable respetando la forma de reaccionar del cliente, ya que ésta puede ir desde la desconfianza, el miedo, la incredulidad o un patrón de acercamiento-aislamiento.
El facilitador trata de acompañar al cliente en su propio camino por tortuoso que parezca. Se mantiene al lado del cliente, no adelante ni señalándole hacia donde tiene que ir. Con el tiempo y al vivenciar la seguridad de la relación, el cliente aprende a aceptar en el terapeuta la experiencia emocional correctiva de un “otro” que escucha realmente, que es auténtico, que acepta a la persona sin condiciones y que viene a restablecer un lazo interpersonal de confianza en los demás.


b) Afirmación empática en la vulnerabilidad: este es un tipo de respuesta empática donde se busca hacer saber al cliente que se le acompaña en un momento de la terapia que puede ser de mucho dolor, desesperanza, terror o vergüenza.

Una persona que ha sufrido abuso generalmente experimenta este tipo de sentimientos al volver a contar la agresión y al contactar los sentimientos de repugnancia, de dolor, de odio o de terror (Lew, 1988).

La labor del terapeuta es la de ser un facilitador comprensivo que “está ahí”, que ofrece su entendimiento, su forma genuina de aceptar al cliente y a su experiencia por mas destructiva que esta sea.

c) Relación Dialógica: en este proceso centrado en la persona / experiencial quedan descartadas dos formas de relación. La primera la podríamos describir como una interacción surgida del modelo medico donde la persona es vista como “enferma” y en necesidad de un médico que la “cure”. El segundo tipo de relación es donde el terapeuta asume el rol de “experto” sobre la vida del cliente.

Ambas relaciones disminuyen el sentido de agencia de la persona al ubicarlo como “paciente” o como “no experto” acerca de su propia vida.

La alternativa que se propone es una relación de colaboración entre cliente y facilitador donde a través del diálogo de “persona a persona” se pueda crear un espacio que privilegie la “voz del cliente”, teniendo al terapeuta tan solo como acompañante y no como guía (Anderson, 1997).

La anterior forma de la relación terapéutica la podemos ubicar existencialmente como una relación Yo – Tu (Buber, 1970) o como un tipo de “presencia existencial” (Bugental, 1965).


d) Fortalecer y Reconstruir el “self”: si la persona que ha sufrido la agresión sexual vive en cierta medida una desintegración o fragmentación del self, esto le acarrea severos problemas en sus relaciones interpersonales, en su confianza en si mismo y en los demás, en su grado de aceptación de si mismo, y en general en la capacidad de dirigir y disfrutar de su proyecto de vida. Inclusive podríamos pensar que en algunos casos hay la vivencia de un “proyecto de vida” descartado, invalidado, saboteado, temporalmente suspendido o abortado.

La experiencia de la terapia lo que le provee al cliente seria que nuevamente y poco a poco, es la persona misma quien empieza a tomar decisiones, escoger direcciones y alternativas, y empieza a replantearse con el acompañamiento del terapeuta cual quiere que sea su nuevo “proyecto de vida”, que puede ser una continuación del que se había abandonado, o por el contrario, puede ser uno nuevo que le de significado y sentido a lo que el cliente hace en el momento actual.

e) Facilitar el experienciar: si pensamos como Gendlin (1981) que los procesos de cambio exitosos se caracterizan por una forma particular del procesamiento de lo vivido llamado “experienciar” , entonces parte de la labor del terapeuta es propiciar que las vivencias, sobre todo las problemáticas puedan ser reasimiladas y simbolizadas adecuadamente.

En este proceso ayudaría: seguir el ritmo de la persona, utilizar imágenes, metáforas o frases para describir la “experiencia sentida” del cliente y mantener o restablecer el contacto con la experiencia y la valoración organismica de la persona.
El cliente finalmente transitaría de un modo de experienciar rígido y distorsionado hacia formas de experienciar fluidas y en constante movimiento, se dirigiría mas que a la estabilidad u homeostasis, hacia un proceso de cambio permanente.

f) Restablecimiento de un mundo seguro: el mundo fenomenico o interpersonal es vivido por la persona abusada como un lugar peligroso donde por la vulnerabilidad del “self”, los otros aparecen como apáticos, o en el peor de los casos, como personas que potencialmente pueden dañar al cliente o infligir algún tipo de dolor sobre la persona. De ahí que por la percepción de un mundo inseguro o desintegrado, sea el cliente quien muchas veces se aisla de los contactos personales no para obtener seguridad, sino para evitar el peligro.

La terapia puede ser un lugar donde coincide la comprensión del mundo subjetivo de la persona, donde el cliente percibe un aprecio incondicional y donde a pesar de sus sospechas, no encuentra la catástrofe, la inseguridad o al “otro malévolo”. Lo anterior implica en la persona una reorganización de la percepción del mundo fenomenico como un lugar en el que se puede estar sin tantas defensas y sin el sentimiento de que el peligro acecha en cada instante.

Finalmente la sensación de seguridad o confianza sería un sentimiento vivenciado con mayor frecuencia a medida que avanza la terapia.


Tareas de Expresión Activa

Reconceptualizadas a partir de la psicoterapia Gestalt y del Psicodrama, este tipo de tareas implica que el cliente represente o actúe aspectos del ´´self´´ o de los otros para accesar los ‘’esquemas emocionales’’ disfuncionales.

Una vez evocados o experiencialmente presentes, éstos son reprocesados y sustituidos por nuevos esquemas emocionales de carácter constructivo o guiados por la valoración organismica.

Este tipo de técnicas por su intensidad requieren una alianza de trabajo fortalecida y la disposicion del cliente de participar en ejercicios vivenciales.

Las principales tareas de expresión activa adaptadas al trabajo terapéutico del abuso sexual serian las siguientes:

a) Diálogo de dos sillas: (para el self dividido) el objetivo de esta técnica es confrontar dos partes del “self” que son incompatibles, producen conflicto y que responden a diferentes “esquemas emocionales”. Generalmente una de las partes del self aparece como dominante, mientras que la otra es frágil o sufre los embates de la primera. En este proceso de disociación hay características del self no asumidas o aceptadas como parte de uno mismo. La negación de estas partes, curiosamente aumenta la división y el conflicto.

La resolución se da al permitirle a cada parte expresarse libremente y llegar a un acuerdo con la otra, donde ninguna de las dos pierda. Esta resolución implica la autoaceptacion de necesidades, deseos y sentimientos de la persona.

b) Reactuaciones: esta técnica se utiliza en las auto interrupciones o sobre regulación de las experiencias emocionales y de su expresión.

Significa por ejemplo, que un cliente que ha sido abusado y que narra la experiencia de la victimación, en el momento en que empieza a experimentar coraje, miedo, terror o repugnancia, repentinamente se bloquea emocionalmente, se aisla o anestesia afectivamente.

La resolución implica que el cliente reactúe la auto interrupción. El terapeuta generalmente le pregunta al cliente: ¿cómo logras dejar de experimentar (el coraje, la tristeza, el odio) en este momento?

Lo terapéutico de esta intervención es generar en la persona un sentido de mayor control de su experiencia emocional. Esto incluye ayudar a la persona a que se de cuenta de que “soy yo quien me bloqueo a mi mismo”. No son los otros, la situación o una cuestión que simplemente pasa.

Ya en este proceso la persona puede avanzar al expresar parcial o totalmente la emoción bloqueada, aceptar las necesidades no satisfechas que hay en este proceso y establecer un contacto interpersonal significativo con algunas personas.

c) La silla vacía: utilizada para lo que los gestaltistas llaman los “asuntos inconclusos” del pasado, representa una forma de integración o de cierre en el presente de situaciones difíciles o no asimiladas.

Parte de la problemática de las personas que han sido abusadas sexualmente es que en un intento de sobreponerse u olvidar lo sucedido viene un periodo de obstrucción o insensibilización en donde a la persona se le dificulta el sentir. Este mecanismo defensivo protege temporalmente a la persona, pero con el tiempo y con el resquebrajamiento de las defensas resurgen toda una serie de sentimientos que no fueron expresados en su momento. En esta técnica también el cliente puede tomar el rol del “otro significativo” y responder a lo que se le expresa.

Algunos autores piensan que poner al agresor en la silla vacía puede tener un valor terapéutico cuestionable, sobre todo cuando la agresión fue de un solo evento y por un extraño (Elliot, Davis y Slatick, 1998).

En relación con lo anterior podemos retomar la esencia del pensamiento centrado en la persona al recordar que va a ser el cliente el que determine que es lo que quiere expresar, hacia que personas y de que manera.

La integración intrapersonal que puede resultar del trabajo con la “silla vacía” es fundamentalmente para beneficio y crecimiento del cliente, no para olvidar, perdonar o, peor aun, entender al agresor.

En la medida en que el facilitador pueda trabajar con las emociones, muchas veces desbordadas del cliente y permitirle que las exprese libremente y de manera adecuada, el odio, el resentimiento, la desesperación o el constante miedo van a transformarse en situaciones dolorosas que en el presente son cerradas a través de llorar, gritar, golpear o expresar terapéuticamente lo que la persona necesite para su integración y crecimiento.



Del “niño interior” abusado al fortalecido: el proceso de la reintegración

Tal como Rogers (1951) pensaba: “seria un gran error suponer que el organismo evoluciona suavemente hacia la autorrealización y el crecimiento. Quizás seria mas correcto decir que el organismo progresa a través de la lucha y el dolor hacia la valoración y el desarrollo”.

El proceso de la reintegración psicológica realizado desde la terapia centrada en la persona, el Focusing o la terapia del proceso experiencial implicarían a una persona con una nueva organización del self. En esta reestructuración las experiencias sensoriales o viscerales del organismo son asimiladas pues hay una relación compatible con el concepto que se tiene de si. Esto provoca una estructura no defensiva, una mayor fluidez y un sentimiento gradual y valioso de “ser uno mismo”, de sentirse bien o sentir aprecio por lo que uno es.

La metáfora del “niño interior” (Bradshaw, 1995) que en el caso de las personas abusadas es un niño desprotegido, maltratado, humillado o con una serie de carencias, permite un acceso al mundo interno de la persona. El “niño abusado” a través de la terapia recibe la validación, el afecto, el apoyo y la comprensión de la que careció. Es debido a esto que al final de la terapia esta experiencia vivencial del niño tiende a transformarse en un nuevo niño, tal vez fortalecido, con deseos de vivir, contento y con muchas ganas por continuar su crecimiento.

La experiencia anterior se parecería en el plano mítico al personaje ET de la película “El Extraterrestre”. La terminación exitosa de la terapia y el estado emocional de la persona concordarían con este proceso de ET de volver a casa, de regresar después de haber estado perdido en un lugar que no le correspondía. Este regreso a casa, metafóricamente pudiera significar el volver a la experiencia de ‘’ser uno mismo’’, volver y retomar el propio camino cuando éste temporalmente se había perdido.


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Javier Armenta Mejía es psicólogo clínico. Trabaja en la escuela de Psicología de la Universidad Xochicalco, Tijuana, Baja California.



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